Telediario de las 21,00 en TVE, presenta, David Cantero (que se encarga del fin de semana y de sustituir a Lorenzo Milá). Se pone serio con la noticia de apertura, la muerte de un niño en Asturias en un accidente de tráfico, que también ha dejado heridos. Después de los titulares, en los que hay noticias agradables como los ecos de la victoria de España o la separación (con éxito) de dos siamesas, pasamos al tema del día.
“[...] Ya que parece que el asfalto mojado y la carretera estrecha, muy estrecha, han tenido algo que ver”. El plano se va cerrando en una entradilla en la que el presentador despliega sus dotes dramáticas. Llama la atención la afectación del presentador. Parece “tocado” o dolido con la noticia. En la pieza, la periodista encargada utiliza algúna frase del calibre de “lo que no tiene remedio es la joven vida de [fulanito] porque a estas horas sus familiares le velan en el tanatorio de …”.
Después, conexión en directo: el presentador, otra vez con aire fúnebre habla de una niña herida: “De los heridos, la más grave es Alba, una chica de 14 años. Conectamos con [fulanita]: [fulanita]: ¿cómo se encuentra Alba?” En la pieza se pueden ver testimonios de vecinos asegurando que accidentes así se veían venir, y familiares expresando su pesar. Más de lo mismo durante cinco minutos: “mañana tendrían que haber recogido las notas, pero…”
¿Cómo es posible que esta sea la noticia más importante del día para todo un país? Supongo que tiene sus puntos fuertes: el contenido humano, los protagonistas infantiles, el morbo, el recurso a la repulsa, el hecho injusto pero no contestable, la empatía con miles de familias que conocen las desgracias de la carretera…
El telediario de la principal televisión pública se vende a la crónica de sucesos en sus primeros minutos. El telediario que tiene como misión informar a los ciudadanos (que no meros espectadores o público) cae en un recurso cada vez más usado, que le ha dado el liderazgo a Antena 3, el morbo y las historias escabrosas. Utiliza las mismas técnicas y recursos de la televisión comercial en busca de la audiencia perdida.
Estas noticias no son ni mucho menos novedosas, ni significativas a nivel global (un muerto en una carretera de Asturias, por muy joven que sea, no es una noticia que importe a un malagueño, por ejemplo, ni que aporte nada extraordinario), pero tienen los ingredientes clave: horror y lágrimas, sentimientos muy fáciles de experimentar, facilidad para conseguir el efecto buscado, testimonios de vecinos o familiares que explotan el conflicto…
Numerosos estudios alertan de la espectacularización de los informativos televisivos, del poder de los sucesos y las noticias ligeras. Parece como si cada vez más a la sociedad le gustase consumir sus propias desgracias convertidas en producto de consumo durante las comidas.
Un diplomático se nos quejaba, cuando lo entrevistábamos para un trabajo, que ya no se oyen/ven en los informativos noticias de Internacional, pese a su relevancia: “sólo sucesos, crispación por vascos o catalanes y deportes”. Los científicos se quejan del poco eco de sus investigaciones.
Todo parece una pes(c)adilla que se muerde la cola, para beneficio de la cuenta de resultados de las cadenas privadas; de paso contribuye al descrédito de una televisión de todos que ha preferido relegar el servicio público en favor de una rentabilidad que no consigue.
Por eso mismo la gente morbosa ha pasado de los culebrones al telediario y las personas normales han pasado a leer blogs con las noticias que les interesan
La cuota de persecuciones y tiroteos americanos en Antena 3 es vergonzosa…
Es que a nosotros nos van los dramas. Hacemos un mundo de la anécdota y soslayamos lo fundamental. En lugar de informar de lo que puede interesar a más gente, en primer lugar, buscamos la “noticia” dramática y, si no la encontramos, dramatizamos lo que haya a mano, nos ayudamos del testimonio de dos o tres vecinos para arropar el asunto y ya parece que tenemos “la noticia”. Uno se pregunta ¿para qué queremos una televisión pública que no se diferencia mucho de una privada, (al menos no en cuando a el enorme espacio que ocupa la publicidad) y por encima nos cuesta un dineral?. Estoy seguro que algunos medios de comunicación privados se hacen, en público, la misma pregunta pero se callan las suculentas subvenciones que reciben del estado. Aquí el que no corre, vuela. Y el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.
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