Un gentleman, eso es Iñaki Gabilondo. Acabo de escuchar una entrevista en A vivir que son dos días con Angels Barceló, en la que da un toque de cordura en medio de tanta insensatez. Se puede estar de acuerdo o no con él, pero en las formas y la educación es impecable.
Va de hombre bueno y quizás lo sea. En la Ser todavía lloran su marcha oyentes y compañeros. Se fue a Cuatro, donde reconoce que no ha empezado con buen pie, ahora que dicen que se retira.
Le costaba leer, porque estaba acostumbrado a los papeles de la radio, y también a trabajar sin nada. Se le iban los ojos, se le veía nervioso. Ahora, tras un año, ya está un poco más suelto.
Gabilondo le ha dado grandes momentos a la radio, que le ha hecho “mejor persona”, según él. Una apuesta constante por la información, aunque también por la opinión, de la que se arrepentía en parte tras dejar la Ser por el grado de crispación al que llegó. Ahora, en la tele, se agradece el empeño informativo, tratando de huir de tanta basura y suceso. Una pena que esté condenado al ostracismo.
Gabilondo sí sabe pedir perdón y no como tantos Urdaci. Baste el vídeo que está sobre estas líneas.
Es, además, un agradecido entrevistable, y lo demuestra a la primera de cambio, aunque ante entrevistadores como el Loco de la Colina se vuelve más complicado (ver primera y segunda parte de la entrevista).
Pero dejemos los halagos. Todo el mundo, desde las amas de casa que sueñan con él, saben quien es.
Quizás más desapercibida pase su faceta como profesor, que debería plantearse si deja el campo de batalla.
Esto es lo que aconsejaba a un joven periodista: “No hay truco. Son necesarias varias cosas: tener valor, valer y tener suerte. Y una última cosa muy misteriosa que es el don de la comunicación que no se puede explicar y que no es exactamente igual en todas las épocas y en todos los tiempos. Te recomiendo que estudies mucho, te esfuerces mucho y no te dejes desanimar. Ahora está muy de moda burlarse de los jóvenes que tienen ilusiones”.