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TNT

Saturday, March 29th, 2008

A riesgo de ser repetitiva, de nuevo para francófonos y de nuevo desde el anfiteatro de mi facu adoptiva, aquí la retransimisión del debate que tuvo lugar anteayer sobre el futuro de la televisión pública tras la aparición de la digital terrestre… y las propuestas al respecto de Sarko.

Por cierto, que aquí se llama TNT (por Television Numérique Terrestre). Lo que, con lo explosivo que anda todo, no está mal como metáfora.

Un nuevo diario en las Galias

Thursday, March 20th, 2008

Aviso para francófonos: tenéis hasta el domingo a mediodía para echarle, gratis, un ojo a la novedad del panorama de medios galos, Mediapart. Se trata del recién nacido proyecto del antiguo director de Le Monde, Edwy Plenel: un diario exclusivamente online y con la idea de proponer un modelo diferente.

En primer lugar, porque será un medio de pago. Por nueve euros al mes (cinco en unos cuantos supuestos), acceso a un medio sin NADA de publicidad. Según los fundadores, esa es su prioridad: mantener la independencia de su información. La suscripción, en cualquier caso, permite no sólo acceder al contenido, sino también crearlo (segunda novedad): aunque parte principal del contenido es desarollada por su equipo de periodistas (actualmente unos veinticinco, privilegiando según dicen la presencia de diferentes generaciones), los lectores pueden hacer sus aportaciones en la parte del site correspondiente al llamado Club. Y en cuanto al susodicho contenido, ¿de qué estamos hablando? Mediapart pretende por lo visto invertir la tendencia habitual de la red y pasar de la exhaustividad a lo intensivo: el equipo de periodistas en sí no publicarán más de cuatro o cinco artículos al día. Pero los criterios serán exclusividad, investigación y profundidad en el tratamiento del tema. Paralelamente, ofrcerán una revista de prensa continuamente actualizada, con la intención de servir de criba a la inmensidad de información disponible en la red.

En fin,  y unas cuantas cosas más. Lo tenéis todo resumido aquí. Como principios suenan bien. Pero los principios siempre suenan bien, supongo.

Elecciones ajenas

Monday, March 17th, 2008

Es curioso seguir de cerca unas elecciones ajenas, algo que no concierne mucho más allá de filias y fobias. Escuchar el repaso de ciudades como quien oye pasar lista, no sentir Sarko triste ;)“Córcega” como uno sentiría “Navarra”. Esto viene a cuento de que acabo de llevar a cabo todo un experimento entomológico, con las elecciones municipales-cantonales francesas. El caso es que mi uni de acá, en colaboración con France Culture, organizaba esta tarde un debate radiofónico en directo en el anfiteatro más grande para ir siguiendo el escrutinio con oportunidad para opiniones y peleas. Unos cuantos profes que saben del tema, conexiones en directo con las ciudades que tenían al país más en vilo y un público atento, atento, y con bastante que decir.

¿Conclusiones? Algunas. Más allá de la victoria aplastante de los socialistas, en el debate hubo tres temas calientes:

  • Estas elecciones municipales… ¿son o no en cierto modo unas nacionales? Aunque el primer ministro François Fillon haya comparecido bien deprisa para recordar las peculiaridades de las regiones y la ausencia de relación con el nivel nacional… la opinión general parecía ser otra. Pese a que, por lo visto, lo más normal en este tipo de comicios, cuando son intermedios entre los generales, es que su resultado sea el triunfo de la oposición, que sean de alguna manera elecciones-protesta, no se deaba de repetir que en este caso no son tan “intermedias”: sólo han pasado diez meses de nuevo Presidente. La cuestión que se mascaba realmente era: ¿es o no una derrota personal de Sarkozy? Y si sí… ¿lo es de sus políticas… o de su figura pública?
  • ¿Desmovilización de la derecha o transferencia de votos a la izquierda? Frente a la idea de que los franceses están enfadados con sus representantes y se quedan en casa el día de votar, la de que en las ciudades donde había realmente asuntos candentes , la cosa ha sido muy distinta.
  • Y, sobre todo, la conclusión de que esta ha sido una victoria de la bipolarización… horizontal. Más allá del debate “gauche-droite”, todos le dan vuetas al otro: nacional-local. En este país tan centralista, nadie sabe muy bien cómo se va a resolver esta cuestión de concordar una gestión con fortísima mayoría de cada signo en cada plano.

Y frente a todo esto, yo, como entomóloga española de la reacción gabacha, me quedo con tres asombros:

  • La idea repetida hasta la saciedad de que “es el de la izquierda el electorado constante y coherente que sabe lo que quiere”, y el de la derecha el dividido y perplejo. Cuesta salirse de las costumbres patrias.
  • La poca cancha que se da a las elecciones cantonales. Pese a que los gobiernos de los departamentos son los que deciden en cuestiones como la educación básica, buena parte de las infraestructuras y algunas de las políticas sociales, apenas merecieron un repaso de resultados al final de la sesión.
  • Y para acabar, lo siento por el simplismo, pero el ambiente de la sala. Qué noche electoral tan tranquila. Nadie gritaba, nadie discutía (sólo parecieron alterarse un poco al escuchar los resultados de uno de los barrios parisinos, a saber, el amago de caída del ex-alcalde Jean Tiberi en el V). Una parte de mi cerebro decía: “al fin y al cabo son estudiantes de Políticas, debe ser por eso, lo analizan de otra manera”. La otra, le dio una colleja: “¿qué me estás contando? ¿Porque son estudiantes de políticas no gritan, dices? Anda, que tienes unas cosas…

El difí­cil matrimonio, once again

Saturday, March 15th, 2008

Lo bueno de los sábados libres es que cuando uno se encuentra una referencia como esta en Libro de Notas, puede ponerse manos a la obra de seguir enlaces y pasarse la mañana pasando páginas en pantalla. Se trata del I Seminario Virtual de Literatura y Periodismo, un mini-no-curso online destinado a preguntarse, una vez s, sobre las problemáticas relaciones de estas dos ramas de la escritura.

Más allá de que el hilo conductor lo marquen la obra e ideas de Kapuscinski -que siempre es un aval-, de que los “ponentes” se salgan un poco de lo habitual, y de que este tema dé para arrastrar a cualquier otro, la idea es interesante por una razón más: pensar sobre su formato. Sobre el montón de cosas sugeridas, y también sobre cómo no llegan a más. Es interesante la distribución del contenido, el juego de referencias y enlaces, que los textos principales sean ví­deos, que al final de cada “lección” haya una apertura hecha de preguntas. Pero falta romper un poco la linealidad, que las referencias sean más juguetonas, y, sobre todo, un espacio de trabajo y construcción a partir de lo dicho.

En cualquier caso, y aunque sólo sea poniéndose en plan “metareflexivo”, vale la pena darle alguna vuelta desde ese ángulo. Porque si en algo tienen que hacer unión de bienes el periodismo y la literatura de estos tiempos es en ponerse a pensar CÓMO escribir hoy. ¿No?

Esta mitad de PorSiLasMoscas se despide

Wednesday, October 18th, 2006

Desde que comencé a moverme entre blogs, siempre me ha llamado la atención la frase con que Escolar encabeza el suyo: en aquel momento parecía una buena idea. Tal vez por eso, la verdad es que no se me ocurre otra mejor para empezar este post.

En aquel momento parecía una buena idea, sí. Como siempre en los principios, un millón de intenciones y otro de ganas hacían parecer que todo iría sobre ruedas. Sin embargo, unos pocos meses de intentos han dejado entrever que tal vez lo de hacer este blog a medias no era, por fin, tan buena idea.Poco a poco ha ido quedando patente que no era tanto un trabajo en común como un espacio compartido para usos distintos. Y la conclusión final es que, siendo así, no tiene demasiado sentido.

Yendo al grano: esta mitad de PorSiLasMoscas se despide. Fin de la custodia compartida: desde ahora, este blog queda a pleno cargo de Dani.

Yo sigo por aquí, de todos modos. Hay algunos proyectos en proceso que requieren tiempo y mimos, y ésta no era exactamente a casa que andaba buscando. Algunos tienen un pie en la Red: de esos sabréis pronto, ya están en el horno. Será un cambio de registro y de ideas, que vienen bien de vez en cuando. Presionaré a Dani para que los anuncie por aquí.

Y ya sin más, hasta la próxima, que las despedidas no le gustan a nadie.
He disfrutado estos meses, un placer compartirlos con vosotros.
Que siga la música: nos leemos pronto.

El malecón de los sueños (Mitos y ritmos de Cuba V y fin)

Tuesday, October 3rd, 2006

Rincón del viejo Caribe
con la igualdad por cabeza,
madrina de las razones,
de la guajira botella;
cantemos juntos un grito,
venga Guevara y lo vea…

Parecía que La Habana debía ser el momento de alcanzar conclusiones. Último puerto, cierre de maletas. Pero diluviaba y la ciudad se preparaba para el huracán precintando ventanas y ánimos contra el agua y el corte de suministro elétrico. Lo bueno de la lluvia es que al guarecerse en cafés da tiempo a hablar con mucha gente. Por supuesto, eso es en Cuba el mayor antídoto contra las conclusiones definitivas.

La primera impresión es, en cualquier caso, que la Habana es una ciudad de barrios. De partes, como todo en este país. También de que es una ciudad cayendo. A menudo parece que a las casas las sostiene sólo un poco de empeño, y que se vendrán abajo al menor soplo de viento.
Barrios y caída. Si hay tres calles principales, con la cara lavada, cuatro plazas en que la restauración ha hecho milagros, pocos pasos más allá se prolongan las otras, la tristeza de las calles en que las grietas parecen crecer por momentos y la puerta abierta deja ver que dentro vive demasiada gente y entra demasiada agua.
Caída y barrios. Justo detrás del Capitolio hay un parque donde la gente lleva a sus niños a tomar clases de artes marciales al aire libre, un balcón desvencijado en que la ropa tendida se codea con las cúpulas del monumento.

Y si la ciudad son partes, vamos por partes.

La Habana Vieja es, sobre todo, música. Uno camina y nunca hay más de tres zancadas en las que se oiga el ruido de los pies contra el suelo: los segundos de tránsito entre, digamos, la flauta de un bar y la guitarra del siguiente. Los instrumentos y los ritmos se mezclan, dibujan espirales sobre la ciudad.
Es curioso que no sea esta Habana decadente la que hace caerse los mitos. En realidad, esas piedras en equilibrio precario más bien los refuerzan: uno imaginaba esa ciudad así, en colores pastel desconchados, con ventanas desenganchadas, ropa tendida, bicis serpenteando entre coches viejos, autobuses atestados, callejones sin más luz que un hilo, gritos de balcón a balcón que no logran elevarse del todo sobre las notas del son que se canta en la esquina de abajo ni sobre el reggaeton que sale de la ventana de enfrente.

El Vedado es otra cosa. Embajadas, edificios altos, el hotel Nacional. Estamos de nuevo en la zona del dólar. Fue allí donde, en un día de mucho tráfico, un taxista enfadado me hizo ver otra cara más de las cosas.

- Les gusta Cuba, ¿eh? Claro, a mí también me gusta España. Pero yo no puedo ir. De hecho yo no puedo hacer lo que ustedes hacen en mi país. Yo no puedo recorrerlo. No me dejan. Lo más que he ido ha sido a Varadero, a llevar turistas. Y al llegar a la puerta del hotel me dan ya la vuelta, rápido. ¿Cómo? ¿Que si con divisa puedo ir? No, no… Ni con dólares, ni con euros, ni con llibras esterlinas: NO. A mí no me dejan entrar en los lugares de turistas. El país es de ustedes. Nosotros trabajamos para ustedes.

Y entonces, un volantazo y un pitido dan por finalizada la conversación, descargan el mal humor fuera de las palabras. Y el taxista entra en un mutismo pensativo.

Esa misma mañana, desde la mesa de al lado de la heladería Coppelia, una mujer, también enfadada con el mundo, contaba que ella era médico y quería venir a España a un congreso, y que no tenía permiso para ello. Yo recuerdo, decía, que cuando yo era niña aquí había un Corte Inglés: cuando vaya a España iré, primero, al Corte Inglés, ¿cuánto cobra un médico en su país, da para mucho?
Y horas más tarde, paseando Chinatown, un joven se acercó furtivo en un soportal: ¿son vascos, ustedes? Miren, llévenme a España esta carta. Les pido ayuda. Estamos presos. Esto es una revolución socialista, pero estamos presos. ¿Sacarán mi carta?

Lo bueno de los disidentes es que cuando llueve -y llueve mucho, llega Ernesto- se refugian en taxis, bares, soportales y hablan tanto que cuentan casi todo.

Hay algo en Cuba que me sorprende: las matrículas de los coches. Siguen un raro código cromático. Son amarillas para los ciudadanos del país, verdes para los militares, blancas para los mandatarios, negras para el personal diplomático, naranjas para la Iglesia, azules -creo recordar- para los extranjeros residentes. Cada vez que veo una resuena en mi mente aquel ideal comunista que hablaba de una sociedad sin clases. Las matrículas me hacen pensar más bien en el mundo feliz de Huxley, en compartimentos estancos.

Entre las grietas, las matrículas y las charlas, la conclusión habanera se hace imposible, como cabía esperar. Porque pese a todo, hay música en cada esquina de la calle. Pero me llevo la impresión de que va a ser el enfado el que lo salve todo cuando llegue el momento. Aquí nadie va a consentir que las cosas vayan a peor. Para algo llevan años sacando fuerzas de la nada.
El orgullo, las banderas, el pasado, serán con suerte la coctelera de un sabio daiquiri de nuevos tiempos.

Y luego está el Malecón. Se adentra como una flecha en un mar que es al mismo tiempo la frontera y la demostración de que más allá debe haber algo. Por el día, es intrasitable: el sol cae a pleno y no hay modo de cruzar entre cadillacs veloces. Pero al llegar la tarde, el tráfico se relaja, la gente se acerca. Empiezan los bailes, las charlas, las celebraciones de decimoquintos cumpleaños con vestido de princesa. El malecón de los sueños es La Habana en estado puro, el momento en que uno olvida si quería alcanzar conclusiones. Todos conversan, todas las casas tienen de pronto la puerta abierta. Al fondo, la silueta de los edificios pone cierre a la playa y la ciudad, y las banderas negras sólo ondean, sin que se sepa qué colores llevan. Tal vez vuelve a lloviznar, tal vez los coches encuentran charcos. Ahí es cuando uno mira al mar, cuando piensa que quiere volver, cuando teme que al regreso las grietas se hayan hecho más largas y la ciudad haya claudicado antes su evidencia. Todos conversan, sí, y las opiniones hablan de un futuro que es salvable. Imagino a mi taxista enfadado compartiendo un ron con algún adalid del régimen sin que la sangre llegue nunca al mar de fondo. Las olas rompen, la lluvia arrecia. Uno corre a refugiarse, una vez más, sigue la búsqueda de verdades inciertas. Mañana saldrá el avión, veremos Cuba hacerse más pequeñas, en medio del agua.

Una vez, hace tiempo, encontré un reportaje que hablaba de una exposición de arte en algún centro de La Habana. Eran obras con un poco de protesta, con un punto de ese enfado que parece que va a sacar adelante el país, pese a las grietas. Había una, recuerdo, que representaba una moneda nacional. Y la frase inscrita, en un guiño a los lemas de la revolución, rezaba: “patria o suerte”.

Eso cabe desear, para el futuro. Patria, y suerte.
Y, como dice en su canción mi amigo Alfredo,

… que no se caiga La Habana, y a guarachar borracheras.

Otra vez en Madrid

Monday, October 2nd, 2006

Y tras un verano largo, de viajes, de cursos, de meter tímidamente una patita en eso que llaman mundo laboral, de conocer gente de la que abre ganas de proyectos, de re-conocer a quienes ya los tienen, de despejar la mente, descansar y renovarse un poco, llegó la hora de volver…

Otra vez en Madrid, de matinada,
desenchufado, lúgubre, beodo,
dueño de mí, quiero decir con nada,
fuera de ti, quiero decir sin todo.

Otra vez con el tic estrafalario
de embridar taquicardias cimarronas,

otra vez sobornando al calendario,
otra vez blanqueando las neuronas…

Otra vez en Madrid, sí.
Feliz vuelta al cole, nos vemos en los bares.

[El poema, de Sabina. La imagen, por cortesía de un amigo.]

Sísifo, guía de viajes

Thursday, September 28th, 2006

Se me ocurre que a lo mejor un cambio de escenario nos hace recordar de qué se trata realmente. A las noticias de cayucos nos hemos, tristemente, acostumbrado: a ver si ponerle otros rostros nos devuelve el susto que no debimos perder.
Aquí está el relato del periplo de otros de esos hombres y mujeres que saltan al abismo porque no queda mucha más opción: la historia de los más de mil emigrantes que cruzan cada semana selvas y ríos para pasar de Guatemala a México.

Al final, da lo mismo que sea por mar, que sea por tierra; aquí o allá. Es como si fuera una plantilla predefinida a la que se le cambian detalles. Selvas o estrechos, camiones o pateras, un poco más de oscuridad en la piel o un poco menos de almendra en los ojos; pero la misma desesperación de partida, los mismos muertos, igual fracaso al cruzar la meta, la misma impotencia de que los hilos los mueven otros.

Siempre una ruta desde el sur del sur al mayor norte que pueda llegarse.
Y como Sísifo, resbalar cuesta abajo de vuelta.

Historia de tres ciudades (Mitos y ritmos de Cuba IV)

Thursday, September 28th, 2006

Gina, una mujer que conocí allá, repetía, cada vez que contaba una historia, que los cubanos son “ingenieros en la casa y en la calle”. A los supervivientes siempre les toca aguzar el ingenio: muchos tiempos de escasez y derrotas a plazos han entrenado en Cuba las ideas para que nadie se quede ya parado ante los problemas. Nunca faltan remiendos sencillos que poner a los rotos más irremediables.
El caso es que hasta los reductos con más carácter tienen, decíamos, que adaptarse de un modo u otro a los tiempos que corren -o vuelan-. Si algo se le presenta a Cuba es un futuro incierto. E igual que a sus habitantes cuando enfrentan huracanes y embargos, le va a tocar sacar fuerzas de la flaqueza para encajar maneras de ir tirando.

Ya lo hace. En todas las esquinas se inventan maneras de sacar unos pesos extra, artimañas que al cabo son el entrenamiento para la nueva época que va estrechándole las fronteras.
Santa Clara, Trinidad y Cienfuegos son tres de las villas centrales de Cuba. En ubicación, en historia, y en suerte. En cada una de ellas, los años que pasan juegan de una forma diferente. No son Varadero. Mantienen las grietas de sus cristales, la dignidad de sus sonrisas, la lentitud de sus movimientos. Pero ahí andan, sobre la cuerda floja, inventando a su modo remiendos para el siglo XXI.

Empecemos por Trinidad. Una ciudad que es Patrimonio de la Humanidad tiene que tener las piedras muy bien puestas. Viajar allí no es ir de playa caribeña, exactamente. Sin embargo, el modo de viaje que acoge una villa con título no difiere mucho del que ofrecen los packs de vacaciones. El turismo, por supuesto, está presente en casi todas las opciones de adaptación -el aislamiento se revela cada vez más imposible y en esta isla hace sol-; pero de las tres historias, es la de esta primera ciudad la que más se parece a lo que podríamos llamar una invasión del mundo de afuera en toda regla. Es como Santillana del Mar, como Carcassonne, como Erice. Preciosas ciudades en alcanfor, decorados brillantes que saben a cartón piedra. En Trinidad, como en aquellas, todo es perfecto, todo adoquines, todo colores. Hasta el hombre del burro se para en la esquina que debe. Uno camina entre casas coloniales, ve la iglesia católica y la capilla del santero, prueba el cóctel del lugar, come donde debe. Pasa el calor adecuado, se mete en los charcos exactos. Y de pronto, a la vuelta de la esquina, se encuentra un mercadillo de artesanos.
Los souvenirs tienen, en todo el mundo, la extraña capacidad de ser iguales. La torre Eiffel y la de Londres pueden intercambiarse en imanes y camisetas sin mayor perjuicio. En los mercadillos cubanos de recuerdos, cambia el soporte, pero no el concepto: son maracas, gorritas y collares de cuentas los que sostienen los símbolos. Por lo demás, lo de siempre.
El mercadillo debería tener el contratiempo de romper el decorado. Sin embargo, parece que en las ciudades de alcanfor los souvenirs resultan aderezo indispensable.
El caso es que esa es una opcion, una ciudad, una historia. Disecar un pasado que vende y conservarlo ahumado entre mercadillos y merchandisings.

Luego está Santa Clara. Es, podría decirse, uno de los pilares del régimen, en todos los sentidos. Es conocida como la ciudad de la guerrilla heroica, porque en ella se libró la batalla que marcó la caída definitiva de Batista. En una de sus plazas centrales, un monumento recuerda al tren blindado que los revolucionarios hicieron reventar para que ni un refuerzo llegara adonde no debía. Además, hoy por hoy, Santa Clara es uno de los centros universitarios del país. Pero, sobre todo, la villa es central porque se ha convertido en la patria póstuma del Che.
Es cierto, como decía antes Dani, que la imagen de Guevara ha dado vuelta a sus significado para convertirse en logo comercial ad hoc de casi todo. Yo me temía, camino a Santa Clara, encontrarme delante del mausoleo una tienda con la imagen de Korda repetida hasta una saciedad insoportable. En realidad, ni siquiera lo temía: lo daba tan por hecho que ni me planteaba que fuera a ser de otra forma.
Sin embargo, el alcanfor con que se eterniza el pasado en Santa Clara no es del mismo tipo que el de Trinidad. El respeto a la figura del Che es máximo, Aleida no tendría queja.
El mausoleo alberga una exposición donde ni siquiera se pueden sacar fotos, y un silencio que impone más silencio. La tumba guarda los principios por los que se visita: está camuflada entre otras muchas de sus camaradas muertos, todas con el retrato y el nombre por el que se conocía, con un lirio blanco junto a cada nicho y una llama eterna a los pies de todos. Afuera, lo farónico, el monumento inmenso, las frases lapidarias de Martí. A los pies de la piedra, brigadas de jóvenes, quizá de excursión, comiendo sus bocadillos. Carteles enormes que dicen “queremos que nuestros hijos sean como el Che“. Y ni una postal, ni una camiseta. Ni un guía, ni un ticket, ni una consigna. El mito, el icono de los utopistas, se puede seguir creyendo. Uno casi olvida su conversión a marca comercial. Casi se olvida de su cara, de hecho. De pronto sólo piensa en el Congo, sólo piensa en Bolivia. Sólo piensa en que, icono o no, algo dijo.
(Luego también piensa en qué son los héroes. En que lo mismo de no haber muerto ahora sería otra duda. En que Fidel también luce así en las fotos de la guerrilla, cuando las intenciones no habían tenido tiempo de volverse realidades.)
La segunda historia de ciudad es, entonces, otro alcanfor. En este caso uno que pasa por ideas. Que no hace maquetas lindas sino el recuento de lo que hizo de Cuba un mito que hasta puede no caer, si se trata con cuidado. El respeto de los héroes y lo que aun debe intentar soñarse.

Por fin Cienfuegos, regresando a la costa. Allí, en un palacete convertido en restaurante con marisco, canta cada noche Carmencita Iznaga, una especie de Celia Cruz sin tanta fama. Si uno llega de mañana, la encuentra sin arreglar, pintándose compulsivamente los labios antes de sentarse al piano. De la caja saca, haciendo vibrar las cuerdas, bolsas de plástico llenas de cosas. Rebusca, encuentra un recorte de periódico de una vez que cantó en Moscú, de una vez que llegó a París. Y luego canta, coqueta, tira besos a los hombres que se crucen. Si alguien le compra un CD, se emociona y da las gracias más escandalosas de la ciudad: “¡cuántas cositas voy a comprarme yo con esto, reina!” Aquí no hay alcanfor que valga: la reina del cabaret cienfueguino podría, ya que se pone, cantar a Sabina: no habrá revolución, es el fin de la utopía… que viva la bisutería.

Sin embargo, en la plaza de la ciudad se vive una ciudad bien diferente. Un ejército de batas blancas invade los bancos del parque. Es la graduación, nos explican, de una promoción de medicina. Eso no es poca cosa, allá. Se parece más a una reunión de embajadores. Cuba tiene un programa de estudios que permite a jóvenes de otros países de Latinoamérica ir a su Universidad, si en su país no pueden permitírselo. Estos estudiantes son acogidos en iguales condiciones que los nativos, son subvencionados y casi mantenidos por el Estado durante el tiempo que dure su carrera. Además, en titulaciones en que sus facultades tienen un prestigio, como es Medicina, hay gran afluencia de alumnos incluso europeos o estadounidenses, que sí se pagan sus años allá (y con ellos, imagino, los de estos estudiantes con menos recursos). Pude escuchr un trozo de la ceremonia de graduación desde una esquinita del teatro Terry. Los estudiantes extranjeros daban un pequeño discurso al recibir su título. El agradecimiento a Fidel, la adhesión al comunismo, la convicción en los valores que permitían la solidaridad que los tenía allí eran genuinos. Lógica y evidentemente. Programas como este permiten seguir creyendo, al menos durante un rato. Esos estudiantes, al volver a sus pueblos, pueden prestar un servicio del que habría carencia si no pudieran haberse formado fuera. A cambio, llegan imbuidos de unas ideas determinadas.
No hay alcanfor en Cienfuegos. En su plaza está más claro el mundo de fuera, se oyen otros acentos y se intercambian jóvenes y ciudades. Es otra opción, otra historia, ocupar un lugar en el contexto, cambiar de atalaya. Es quizá la que más se parece a renovarse, a prepararse con propias armas para el cambio.
Ante el futuro incierto, hay sin duda muchas vías que pueden tomarse, sin caer en rendición ni Varadero. Hacer maquetas que resulten bellas y atraigan al dólar y a la Unesco. Guardar en urnas los principios y hacerse un feudo del pasado más glorioso. Adaptar a las nuevas necesidades las viejas propuestas, y hacer de las capacidades una buena baza. Tantas opciones como ciudades e historias, si no se juega al todo-o-nada.

¿Que se corre el riesgo de ser Carmencita, de cantar a coro con Sabina El Muro de Berlin? Pues sí, siempre. Pero en Cuba yo vi en una iglesia una batería a la que no faltaba ni un detalle para el rock.

- ¿Y esto?, pregunté.
- Hacemos las misas más amenas, cantamos rock para que los jóvenes vengan.
- ¿Y vienen?
- Mucho. Son muy creyentes acá.

Loa mayores también, por cierto. Mezclaron la Biblia con sus viejos santos africanos y se montaron a su gusto una religión convincente.
¿En un país comunista?
Claro, ya saben. Ingenieros siempre, decía Gina. Ni Dios renuncia a ir tirando.

(Y llegados aquí, sólo nos queda una jornada… Mañana, señores, desembarcamos en la Habana, con una canción en los labios.)

La biblioteca en casa

Tuesday, September 26th, 2006

Aunque para esta vuelta al cole no va a servirnos, una buena noticia de parte de esa Universidad que en seguida sube otra vez las persianas, via La Huella Digital:

La Universidad Complutense de Madrid ha llegado a un acuerdo con la empresa Google para «volcar» los cientos de miles de libros de la biblioteca de la institución académica en el buscador y propiciar así que su contenido íntegro sea accesible desde cualquier ordenador del mundo a través de la Red.

Qué bueno para esos días de invierno en que no hay quien salga de casa y se recuerda de pronto que hay que preparar un trabajo…