Tras unas semanas viajando, estoy de vuelta en Bergen. Veo que los amigos que han escrito en mi ausencia se han portado con vosotros y os han regalado buenos posts. En especial, Laura Casielles, coautora del blog cuando empezó esta aventura. Muchas gracias a todos. A partir de ahora tendréis que volver a sufrirme a mí.
Por otra parte, tras un tiempo fuera y la trampa del cambio de hora se me ha caido un mito. Que en Noruega no sale el sol es falso y nada representativo, por muy larga que sea la noche en invierno. Cuando aún no ha comenzado abril una luz radiante y fresca rebota en el verde del paisaje y en el blanco-nieve, derritiéndolo. La vida huele de otra manera y el sol, precisamente porque tarda en llegar, se saborea más.
Hay alguien al otro lado?
Han sido un placer el par de semanas de “vacaciones en la antigua casa”. Disfruta del sol… en París hay aguacero.