¿Debates, eucaristías de la democracia?

2008 February 25
by Daniel Basteiro

Preparación del set del debate

Llegó el día. Con unas encuestas donde nadie despega (Zapatero no consigue su “mayoría amplia”, Rajoy no gana), el debate de esta noche y el partido de vuelta del próximo lunes podrían decantar el resultado electoral.

Que se debata es una magnífica noticia. Hay muchos motivos para hacerlo y ninguno para privarnos a los ciudadanos de más información. Coloca a España al lado de otras democracias donde la pasión por la contraposición directa de ideas es algo normal. Por ejemplo, Sarkozy y Royal libraron una dura batalla ante las cámaras antes de las últimas presidenciales francesas. En EEUU, tanto los demócratas como los republicanos se sientan alrededor de una mesa las veces que haga falta (ya van unas cuantas). Y eso que el proceso es todavía de primarias, dentro de cada partido.

En los medios de comunicación se le dedican páginas y páginas a lo que puede pasar esta noche. Decenas de canales de radio, televisión e internet lo ofrecen en directo. Cobertura total.

Pero no nos engañemos. Aunque los debates tienen su valor, lo que vamos a ver no es la eucaristía de la democracia. Todo discurso está estudiado, los candidatos llevan semanas con continuas reuniones, estudiando datos, los argumentos precisos… Utilizarán la técnica del vendedor de coches. Al haber tantos espectadores, lo más probable es que cada uno interprete su papel, tratando de persuadir y seducir más que de convencer. Para ello tienen que ser rápidos y hablar de España y todos sus temas en turnos de dos minutos durante hora y media. ¡Qué locura! ¿Es posible descubrir quién está más capacitado para gobernar España esta noche? Probablemente no. ¿Qué pasa si uno tiene un mal día, o se pone nervioso? Si los debates pueden decidir quien gobierna en España… ¿será por los nuevos aspectos de los candidatos que nos revelen estos debates?

debate2.jpgYo, para decidir mi voto, me fijo más en los programas electorales, los cuatro años de oposición y de gobierno, los puestos en las listas…

Aunque el debate es importante, y más durante la campaña electoral, no podemos olvidarnos de que tiene su parte de espectáculo (en el anfiteatro, animando durante toda esta semana, los medios de comunicación), de horario de máxima audiencia, de superficialidad televisiva.

Lo comentaba hace unas semanas Rafael Reig (igual de faltón que de genial):

Hablando de dogmas, no sé usted, pero yo estoy de los debates cara a cara hasta las narices. Me conmueve tanta fe en un debate, es una especie de superstición, como si fuera la eucaristía de la democracia. Todos, y sobre todo los que hemos estado casados, sabemos lo único que en realidad significa ganar en una discusión: ser más tenaz, más ingenioso, más simpático, tener menos escrúpulos, improvisar con más empaque, usar una retórica más efectiva… Por lo general, no tiene nada que ver con tener razón. Menos aún cuando la discusión se televisa. Uno puede tener razón y no acertar a defenderla en un debate porque es menos “mediático” o porque el otro usa añagazas, como preguntar el precio de un café o un billete de metro. Prevalecer en un debate es como ganar una pelea a puñetazos: el que vence sabe debatir mejor o es más fuerte, ¿y qué?

Tanto su artículo “La razón del debate” como “Que se peguen” ponen una nota discordante y sensata a esta sinfonía acelerada. Veremos quien llega con aliento al compás final.

4 Responses leave one →
  1. 2008 February 25

    Las palabras de Rafael Reig me parecen, como mínimo, criticables… Estamos de acuerdo en que los debates no son la “Eucaristía” de la Democracia, porque lo son las elecciones [la misa se celebra el próximo 9M]. ¡Pero los debates son importantísimos! Porque aunque estén encorsetados, en el fondo no dejan de ser una situación límite para los candidatos, un contexto en el que deben esperar golpes bajos y argumentos lanzados a degüello. Por eso me apetece tantísimo verlos. A mí… y a millones de personas.

    Por cierto, aprovecho para invitarte a pasar esta noche por mi blog… Seguiremos en directo el cara a cara entre Zapatero y Rajoy.

  2. 2008 February 25

    Gracias, Testigo. Lo tengo controlado para esta noche.

    A mi me parecen importantes los debates, y los medios quizás por poco habituales están que saltan de emoción. Pero volviendo a Reig, esta noche veremos una prueba de ingenio, de simpatía, de corbata bien colocada y vocalización, de sonrisa y discurso preparado siguiendo un guión. No habrá nuevas propuestas, no habrá política en esencia, sino dos maneras de darle forma en un programa que tiene que llegar a cuanta más gente mejor. La venta del perfume. Precisamente por eso es interesantísimo desde el punto de vista comunicativo, y precisamente por eso millones de personas estaremos pendientes. Es espectáculo, prime time. Y es importante que se haga también!

    Ahora bien, ¿por qué no tienen tanta audiencia los debates sobre el Estado de la Nación? Hablan más grupos, con más tiempo, elaborando sus razonamientos y tratando, además de seducir, de convencer. Eso vende menos en televisión.

  3. 2008 February 25

    Claro! Es que lo de esta noche es espectáculo! Mira las elecciones americanas! Es espectáculo… Por cierto, eso de que no va a haber propuestas novedosas… corre un runrún por ahí… de que quizá los candidatos aprovechen la plataforma televisiva para lanzar alguna de sus medidas estrella… Veremos… ;)

  4. 2008 February 25

    Siento discrepar contigo de nuevo. Fíjate en el debate de esta noche: sin público, con un periodista-espectador que sólo velará porque no se tiren los trastos, pero que de preguntar, poco. ¿Dónde está el periodismo? Carlos E. Cué lo cuenta hoy en elpais.com acerca de los debates norteamericanos (que son muchos más y se ven como algo normal): “Hay público, se ríen, aplauden, se interrumpen, tratan de cautivar a la audiencia, se respetan, simulan ser amigos, los periodistas les interrumpen, les hacen preguntas del público… en fin, lo normal en una democracia avanzada”.

    Aquí hablamos de la quintaesencia en unos debates tasados a dos minutos por intervención y sin preguntas. Y aún encima presumimos de los cronometradores de la federación nacional de baloncesto. El formato es bastante mejorable.

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