El gran periodismo se viste de luto

2007 January 23
by Daniel Basteiro

Hoy se ha muerto una de las voces que más han clamado por el sentido social del periodismo y por la pureza del profesional.Ryszard Kapuscinski ha muerto a los 75 años después de una larga vida dedicada al periodismo, en especial a África, y tras unos últimos años dedicados a llevar por el mundo un movimiento casi religioso que invita al periodista a ser buena persona antes que periodista.

Tan pronto me enteré me puse a buscar apresuradamente algunos de sus escritos y conferencias que tengo en forma de libro en mi estantería.

En Los cinco sentidos del periodista, que se suma a otras buenas obras como Ébano o el Imperio, Kapuscinski denuncia la pérdida de dignidad de la profesión motivada entre otras cosas porque el periodismo ha dejado de concebirse como una vocación, como un deber moral, para convertirse en un negocio.

Este polaco prolífico en obras y palabras tiene muchos textos interesantes y muchas ideas sobre las que reflexionar. Lástima que siempre haya sido un profeta en el desierto:

Nuestra profesión siempre se basó en la búsqueda de la verdad. Muchas veces la información funcionó como un arma en la lucha política, por la influencia y por el poder. Pero hoy, tras el ingreso del gran capital a los medios masivos, ese valor fue remplazado por la búsqueda de lo interesante o lo que se puede vender. Por verdadera que sea una información, carecerá de valor si no está en condiciones de interesar a un público que, por otro lado, es crecientemente caprichoso.

Así se ha trivializado el valor de la palabra. El problema actual de la comunicación no es que se escamotee la verdad sino que la palabra ya no tiene el peso de antes. En la época comunista la prensa soviética tenía cuatro páginas, y si en ella aparecía algún artículo crítico, alguien iba a un campo de concentración. Cada palabra tenía el valor de vida o muerte. Ahora se puede escribir sobre cualquier cosa y, en un contexto de sobreabundancia y entretenimiento, a nadie le importa.

Ahora, la información es una mercancióa bajo las leyes del mercado, destinada a obtener una rentabilidad máxima y apuntar al monopolio.

Hoy el soldado de nuestro oficio no investiga en busca de la verdad, sino con el fin de hallar acontecimientos sensacionales que puedan aparecer entre los títulos principales de su medio.

Directo a la conciencia, como una flecha ardiendo en el corazón de los profesionales que todavía conservan algo del alma o la vocación por la que decidieron hacerse informadores.
A veces pienso si todavía se puede ejercer el periodismo de acuerdo con las viejas normas y la excelencia e integridad que propone Kapuscinski.

Si no habremos nacido tarde para este oficio, si las ganas de comer o las de las empresas de vender más y más no nos apartarán de la profesión donde las palabras tenían sentido, donde primaba lo importante sobre lo urgente, donde la verdad o el interés público era más importante que la anécdota o el cotilleo.

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