El suave susurro de la pobreza

798px-p7032101_small2.jpgEntre unos cartones, a las puertas de una de esas salas de cine viejas, frías y sin embargo acogedoras que han sido desmanteladas por la impersonalidad de los multicines, duerme un sin techo. En plena Gran Vía de Madrid pasa tan inadvertido como los turistas, entre otras cosas porque parece que duerme en su escondite, parapetado y sin hacer ruido, entre cartones viejos de la película Alatriste. Ya es casualidad.

En frente hay otro, y más arriba, una mujer morena como el hollín (o quizás de hollín), comparte acera sentada y con las piernas estiradas con otro vagabundo del desarrollo delante de una gran tienda de ropa a precios populares, de la hecha en China. Y muchos más, por todas partes, que enturbian paseos de domingo y amargan por segundos las compras incontroladas.

Los madrileños se quejan del aumento de la pobreza en el distrito Centro, con más indigentes y más prostitutas que nunca. Muy cerca, en Lavapiés, los vecinos protestan por la droga, la delincuencia… El caso es extrapolable a muchas capitales más.

Son los desheredados de siempre, la chusma que apesta en los ayuntamientos y gobiernos. Los que no le importan a nadie, y a muy pocos en realidad de quienes decimos que nos importan.

Cada noche duermen 691 personas en las calles de Madrid, según el Ayuntamiento, aunque los centros de acogida no llegan al 90% de ocupación.

Otras estimaciones, quizás más realistas, los cifran en 2.000, llegando las personas que no tienen donde caerse muertas (pero que no duermen en plazas) a las 4.000 o las 6.000, abanderando la representación nacional, de 30.000 seres humanos como tú y como yo. Dicen que los sin techo, los pobres y parias, huyen del centro hacia la periferia.

plaza_lavapies.jpgPoco importa, salvo en ocasiones de grandes convocatorias. No juega un papel central en las campañas de los candidatos a las próximas elecciones (y si lo hace, siempre tarde y nunca por iniciativa propia).

Tampoco juega un papel central en las páginas de los periódicos, pese a ser una fuente de noticias y reportajes interesante (siempre, siempre hay una historia detrás), y lo que es más importante, social, que es a lo que hemos venido a jugar. Pese a ser la Gran Vía (por seguir con el ejemplo) sede del periódico generalista más leido, del grupo de comunicación más poderoso y del programa de radio más escuchado. Oidos sordos, bocas mudas. Y debería ser heavy a toda pastilla y gritos desesperados.

En toda España, en muchas partes del mundo. En Nueva York, como hoy cuenta El País en su contraportada, el alcalde paga (sí, paga) a los que quieran salir de la miseria, inspirándose en el programa mexicano Oportunidades. Programa que ya ha recibido algunas críticas. Lo que no se les puede negar es que por lo menos tienen alguna intención y no indiferencia.

¿A quién le echamos la culpa?

Quién sabe. Los políticos se concentran en otras cosas, los medios también, los ciudadanos, que en definitiva sostienen el sistema (también político, mediático, que no van aparte), también.

Todo forma parte de la dulce culpa y las tareas pendientes. Cuando haces la lista de las cosas que te importan, sabes que te falta algo. Pero no sabes qué.

Cuando te acuerdas, te apenas. Al fin y al cabo tú vives bien. Precisamente por eso no te preocupa demasiado y lo sobrellevas. Además, tampoco estás dispuesto a hacer gran cosa para que la situación cambie.

Te susurra, pero no te grita. Y está comprobado que sólo reaccionamos cuando nos golpean con dureza y no con suavidad.

5 Responses to “El suave susurro de la pobreza”

  1. meneame.net says:

    El suave susurro de la pobreza…

    "Entre unos cartones, a las puertas de una de esas salas de cine viejas, frías y sin embargo acogedoras que han sido desmanteladas por la impersonalidad de los multicines, duerme un sin techo. En plena Gran Vía de Madrid pasa tan inadvertido como …

  2. Stralunato says:

    [...] poco, Daniel Basteiro hablaba del suave susurro de la pobreza, de cómo nos hemos acostumbrado al paisaje de la gente sin hogar viviendo en las calles de [...]

  3. MZN says:

    Dejando la lado la prosa (que bien valdría comentarla), lo que describes es lo mismo que lamentablemente podemos ver en las calles de todos los grandes centros urbanos de mundo.Aquí en Latino América -especialmente, en Santiago de Chile (donde vivo)- el panorama no es distinto. Decenas de sin techo se hacen de lugares para pasar la noche, mientras vagan con rumbo solo por ellos conocidos durante el día, tocando timbres, recorriendo las manos caricativas que les den algo para comer. Por las noches, se agrupan (el grupo más grande) en pleno centro, a las puertas de la Posta Central (el centro médico de urgencia más importante de la ciudad), haciéndose de un lugar para dormir, para que los visiten y se les vea; para ser una comunidad y sentirse acompañados.Todo esto, mientras el resto de la ciudad duerme, tranquila. Seguramente, porque somos tan solidarios que quizás les entregamos una moneda que nos sobrara mientras ellos recorrían el día.

  4. Daniel Basteiro says:

    Lo malo es que tiene difícil solución, tanto si dejamos el tema en manos de políticos como si quien tenemos que arreglarlo somos nosotros. ¿Crees que un programa como el que Bloomberg pone en marcha en Nueva York funcionaría en Santiago o en Madrid? En cierto modo es como presuponer que la pobreza es la mayoría de las veces voluntaria…

    Ya que estamos, un par de enlaces. Esto lo he leido hoy. Al menos hay sentido del humor: http://www.diarioadn.com/ciudades/madrid/detail.php?id=26464

    En la misma línea: http://www.sinhogar.org 

     

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