
La Unión Europea es como la educación: el futuro de nuesto país, allá donde se libran las batallas decisivas a largo plazo. Al final, aporta pocos votos y, consecuentemente, los partidos políticos le dan poco peso en su estrategia política. Algo así como el solterón tío rico, avaro, lleno de achaques, que vive su vida tranquilo y sin que lo molesten. Del que nadie puede hablar mal por miedo a quedarse sin herencia. El tío rico al que, por otra parte, nunca le llega la hora, que vive eternamente.
Eso sí, a ver quién deja de invitar al tío rico a la cena de navidad, por muy mal que se porte, por mucho que insulte al cuñado o le mire el culo a la sobrina. El que paga manda. De la misma manera, el célebre “déficit democrático de la UE” se justifica a sí mismo pese a los errores de Bruselas y gracias a la indiferencia de las capitales europeas.
Los eurodiputados, por su parte, llevan meses nerviosos. Predicando en el desierto las bondades de Europa y lo mucho que se juega en las elecciones al Parlamento Europeo, para las que quedan poco menos de dos meses. Se quejan de que no salen en los medios, hacen cálculos acerca de los eurodiputados de tal o cual partido, de si ellos estarán en las listas y sobre si la abstención les hará ponerse colorados, al menos de cara a la galería. Bajo el lema “Tú eliges” pretenden movilizar a una sociedad europea paralizada por la crisis.
Ellos sí se van de vacaciones de Semana Santa, a diferencia de un Gobierno taquicárdico. El equipo de Zapatero, además de remodelarse para la crisis, presenta una imagen distinta para tratar de ganar precisamente el examen que no cuestionará una estrategia global contra la crisis o la doctrina que inspiró a sus responsables. Será algo así como un examen escolar de la segunda evaluación para el propio líder de la oposición y del Gobierno. No decidirá el final del partido, pero alimentará a la máquina del periodismo declarativo, las expectativas sobre sucesiones, los nervios por las elecciones que de verdad interesan.
En medio de esta salsa, el tío rico se prepara a superar un catarro más. En España y en los países vecinos, como cuenta Jean Quatremer:
À deux mois des élections européennes, on commençait à désespérer. Aucun débat européen, voire aucun débat du tout, des partis en manque d’idées et d’allant, des médias qui regardent ailleurs, des citoyens surtout préoccupés par la récession. Bref, Union, morne plaine.
Algunos candidatos sí se lo toman en serio. Pero nadie se da cuenta ni de los errores, como apunta Bernardo de Miguel.

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No es nada nuevo y el fondo de la cuestión es el propio papel del Parlamento, que no es un Parlamento como los nacionales, por mucho que nos pese.
Aunque en realidad el tema es lo que Vicenç Navarro nos solía decir en clase: ¿Cómo quieren que los trabajadores voten por Europa si están cansados de ver como todo lo malo se hace en nombre de ella?
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