Juventud armada
Llego hasta Andrew Dysart vía Casa Prefabricada. Me lo pienso dos veces antes de comenzar a leer la noticia del Washington Times. Encendería un cigarrillo, pero no fumo. No sé si el lo hace, aunque es probable, porque parece muy cabreado, ¡hasta en la foto!
En su mismo Estado, Virginia, Cho Seung-hui mató a 32 personas conmoviendo a la sociedad estadounidense y al mundo, que pensaba que la masacre de Columbine era ‘lo más’ en matanzas educativas.
Este estudiante, que antes ha sido marine varios años, aboga por la legalización de las armas en los campus del estado. Es decir, la legalización del ‘derecho’ llevarlas bajo las mismas premisas legales que fuera de las aulas.
Según él, “no es posible saber qué hubiera pasado [si las armas estuvieran permitidas], pero los estudiantes habrían tenido una oportunidad” de salvarse.
El gobierno del Estado, del partido demócrata, se está planteando seriamente dejar a las escuelas que decidan por sí mismas si mantienen la prohibición. Dependerá en gran medida de las conclusiones de los investigadores sobre la masacre de Virginia Tech.
Mientras, los estudiantes se organizan para reivindicar su derecho a la defensa, en lo que, para la mayoría de ojos europeos, constituye un ejemplo más de la paradójica estupidez americana.
Tratándose de centros de enseñanza, sería más edificante empezar por el aprendizaje de valores y civismo que no por la reacción violenta a las deficiencias del propio sistema educativo o de la sociedad.
En Virginia también quieren un abrazo.
No sé si lo quieren. En todo caso… ¡lo necesitan!