La hora de la verdad

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Angustias, una abuela de A Rúa, en Ourense, irá mañana a votar. Junto con unas cuantas amigas es quizás la votante mejor informada de un ayuntamiento en el que, pese a tener 5.000 habitantes censados (y bajando), concurren seis listas diferentes. Ha ido a los mítines de todos, y no para demostrar que a los actos electorales sólo van los convencidos.

Forma parte de su ritual social, como el de los entierros o la celebración de la matanza en todos los pueblos pequeños de Galicia. Un ritual más importante que el de ir a votar. Convencida de su fidelidad al PP a nivel estatal y autonómico, en A Rúa prefiere la cercanía de los independientes. En el mitin de los nacionalistas escuchó insultos contra su referente durante tantos años, Manuel Fraga, pero dentro del circo electoral ya poco importa. Agua pasada. El BNG no le gusta, salvo por su portavoz nacional (vicepresidente del Gobierno gallego), del que dice que es muy guapo. El líder del Partido Galeguista es muy joven para ella, y la izquierda no le dice nada.

Alberto irá a votar. Está harto de Gallardón y de Sebastián. De las obras de la M-30, los parquímetros y de un candidato paracaidista que utiliza diez días de campaña para atacar toscamente a su oponente sin ni siquiera arañarlo. Lo hará por Izquierda Unida, como voto de castigo a los dos grandes partidos (voto rebelde, que piden los candidatos), consciente de que ya está todo el pescado vendido. Los candidatos de IU han hecho campaña limpia y educada, con las manos libres por no recibir atenciones de PP o PSOE. En los debates, expusieron casi resignados su opinión mientras los dos grandes partidos se tiraban los trastos a la cabeza. Alberto no es tonto y lo ve. Preferiría quedarse en casa y pensó seriamente en votar en blanco. Pero no.

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Jaime es candidato por el PP en un pueblo manchego y responsable de una pequeña parte de la campaña del ‘aparato joven’ a nivel nacional. También él está harto de tanta conspiración y radicalismo que a veces destilan los altos cargos, pero cree que todavía hay ideas por las que luchar, más útiles que las del partido rival. Simboliza las costuras nuevas, sin complejos ideológicos, que necesita su maltrecho partido. Es su primera campaña electoral de cuentakilómetros, y aspira, de momento, a mejorar todo aquello que ve que se hace mal. También votará.

Cristina podría votar por primera vez en unas municipales, pero no lo hará. Tiene 21 años y, según el tópico, es apática, indiferente ante la política, defensora del botellón y sin inquietudes culturales de ningún tipo. La encasillaron y se dejó vencer. En las anteriores elecciones cambió de idea y se acercó al colegio electoral a votar por Zapatero como castigo al PP. Ahora se queda en casa, durmiendo. Si hace buen tiempo a lo mejor se anima y va a la playa, a aprovechar los primeros rayos de sol del verano que ya asoma.

(Nota: Los nombres de los protagonistas son ficticios; sus historias, no)

4 Responses to “La hora de la verdad”

  1. Aún recuerdo a aquellas ancianas en las elecciones últimas de Fraga, cuando estaban en una "pulpada" organizada por el PP (una de esas tantas) y les preguntaban el por qué votar a Fraga, a lo que respondían un "Con Fraga, todo é gratis!" (Con Fraga, todo es gratis).  Creo que mi rural gallego nunca dejará de sorprenderme…

  2. Daniel Basteiro says:

    Y al final salió caro. Un saludo, amigo.

  3. Alvaro says:

    ¿Y si mañana no saliese elegido nadie?, ¿Y si ningun@ fuesemos a votar?, ¿Y si no hubiese encuestas a pie de urna, ni recuentos, ni… votos? ¿Y si de una vez por todas les dijesemos que no nos gusta su política, su confrontación permanente, su corrupción, su urbanismo, su… mierda?, ¿Y si mañana los ciudadanos pasasemos de la democracia "de a cada cuatro años"?En fin… ¿Y si mañana no ganase nadie? (o ganásemos todos)Saludos desde el Norte del Mundo.  

  4. Daniel Basteiro says:

    Yo creo que el castigo es votar en blanco. Es decir, demostrarles que no estás de acuerdo no quedándote en casa, que se puede interpretar de muchas maneras (te tira más la playa, no te interesa…), sino yendo y votando en blanco, para que se den cuenta de que tienes la voluntad de votar, pero no estás de acuerdo con nadie.

    Yo, con todo, he votado, y a un partido. Al ser municipales y al conocernos todos en un pueblo pequeño… es más fácil. 

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