A mi amigo le pareció bien la respuesta que Vicent, sin saberlo, dio a su conflicto. Sin embargo, me comentó que por más que escribir para el córtex esté muy bien, “también tiene su mérito dirigirse a esa parte del cerebro que procesa los sentimientos“. Me comentaba que, aunque manipular los sentimientos sea algo bastante sencillo, ”es cierto que esa unión sentimental entre todos los mamíferos existe para darle una emoción irracional a la vida”. La recta final del nuestro curso ha atendido a esa parte del cerebro y las páginas: las que se ocupa de emociones, recuerdos, colores y estampas.
Después de que hablase durante un rato de sus
novelas, alguien le preguntó a Manuel: ¿por qué son tan importantes para ti los sentidos? “Porque son el conocimiento”, contestó sin dudarlo. Por eso, empieza hablando de Contra Paraíso, una novela que se desenvuelve en el terreno de sus memorias de infancia, en el tiempo en que naturaleza y conciencia eran lo mismo. En ella, dice, se propuso contar “las sensaciones de antes de crecer, cuando la memoria no embellece la verdad. Porque más tarde “parece que uno quiere embellecer su pasado, pero no es así: es que la memoria y la imaginación llega un punto en que se confunden“.
Nos había quedado pendiente saber si Vicent era de los que escribían en cuanto algo se les pasaba por la mente o de los que al que nunca carecen de ideas a la hora en que presiona el editor. Ayer quedó claro: lo suyo es la presión.
Antes de escribir otra novela anterior, La Balada de Caín, estaba, cuenta, volcado a escribir en el periódico. Viajes, retratos, reportajes: el caso es que “el acicate de la imaginación era la última llamada desde la redacción, ahí salía lo bueno (…) si hasta la columna del domingo acabé decidiendo escribirla el sábado de doce a una…” Total, que cuando le proponen escribir una novela para presentar al Nadal, descubre que, si no recupera la prisa de la preofesión de periodista, no saldrá nada. De este modo, esa novela, y también Contra Paraíso, son escritas a base de estética y sentidos, para nada afines a este oficio, y, sin embargo, aprovechando como fórmula la experiencia de reportero: cada tantos días, enviar al editor tantas páginas. Y seguir escribiendo sin releer lo anterior, hasta que la historia terminara. Igualito que la Historia del mundo que cuenta la prensa, entonces: a su ritmo, fugaz, disparatada y sin memoria más allá de lo inmediato.
¿Otras cuestiones de estilo? Dos importantes. Una ya la concluimos hace un par de días: “es importante evitar la batallita personal, elegir aquellas compartidas por todos”. En estos cuatro días, hemos visto que es posible y deseable contar el mundo a través de una historia muy concreta, toda la Historia en un cuento medianamente pintoresco.
La segunda, esa sí es deformación profesional de la parte periodista del maestro: “de noche, todos los filósofos son pardos; lo difícil es decir las cosas claras“.
Por lo demás, ayer y hoy sí han sido ya sin más Literatura, porque lo de que la claridad y la belleza o las ideas no tienen por qué estar necesariamente en guerra también es uno de los mandamientos que nos llevamos de Santander. Pero aunque nos ha quedado claro a todos que las fronteras entre géneros son difusas, lo cierto es que los cuentos de hoy (los devaneos saxofonistas de la Balada de Caín; “la maldición de crecer, el nudo de la infancia, que se deshace a lo largo de la vida” de este Contra Paraíso; los ritos iniciáticos para una vida que reúne Tranvía a la Malvarrosa; los nombres resonantes -Pasionaria, Solanas y Bustelos- que paseaban por el combativo Jardín de Villa Valeria; el modo en que el amor cambia de dueño en Cuerpos sucesivos; las olas -o tan mitológicas al cabo- de Son de mar) no vienen tanto a cuento por aquí. Probablemente tampoco los de la última sesión, “La experiencia cinematográfica”: los problemas de ir escribiendo un libro pensando en que sea película – “en cine, cada adjetivo cuesta tres millones (…) si piensas así, en vez de un submarino acabas poniendo una zodiac”-, o los de que tu libro se haga fotogramas (pasó con su son y su tranvía); las leyendas de rodaje.
Mejor, supongo, hacerse eco de aquel consejo que decíamos ayer, y parar antes de seguir sin rumbo. Los dos últimos días la labor no ha ido hacia el córtex, pues, sino a esa otra mente que se ocupa de crear lazos entre seres racionales. Los psicólogos tienen claro que se aprende mejor lo que se recuerda con sentimientos que apetezcan: cuatro días de cuentos y verdades de un escritor que a mí me sigue pareciendo un marinero acumulan sin duda muchas lecciones que se graban mejor que todas las asignaturas de las que nos hemos examinado hace apenas un par de semanas.
Ya se acaba esto de desayunar al lado de Goytisolo o Subirats, de tener entradas gratis para casi todo lo que ocurre en la ciudad con el carnet de alumno, de que en los pasillos no haya quien no quiera siempre hablar de algo. Uno se va con esa ilusión que a veces flaquea bien repuesta, con una voz certera en mente y con ganas de escribir todas las historias que quepan en las páginas de un mundo.
La Universidad era esto, ¿no?
En fin, al menos en vacaciones se encuentra.
(Más fotos de todo esto, en nuestro huequito Flickr, por cierto. Ahora, a recoger mi alma en alguna ciudad, unos días de descanso absoluto: como os decíamos… ¡paciencia! El ritmo habitual volverá pronto. .)
Este señor en una entrevista en El País, dejaba caer que visitó en cierta ocasión a Mario Conde en su despacho. Pero luego no aclaraba el motivo… Fue después de la caída de M.C.
Cuando la caída de Mario Conde tuvo lugar yo estaba poco menos que en preescolar… así que no es de esos tiempos de los que me corresponde hablar: estos posts sólo pretenden contar el clima de unos días y un lugar muy determinados. ¡Saludos!
Lau… qué días tan maravillosos pasamos en Santander y que difícil pensaba que era plasmar el encanto de Vicent en unas líneas… pero lo has hecho muy bien!!! he podido revivir la experiencia!!! me encanta que estas cosillas también se recojan en vuestro blog… es difícil encontrar noticias que se salgan un poquito de lo que escuchamos a todas horas… en fin lo de siempre, qué te voy a contar!!! al final como ves no voy a Asturias y ni te he llamado para decirtelo… no tengo excusa… soy un desastre, ya me conoces, lo siento!!! un besazo enorme para ti y para Alba y espero que hayais disfrutado en Londres y sigáis disfrutando estas vacaciones!!!
I needed to thank you for this great read!! We definitely enjoying every little bit of it.