Los periodistas siguen siendo simples mortales
-Atentado. ¡Atentado! ¡Que ha habido un atentado en ****! ¡Una catástrofe! ¡Pérez, muévete! ¿Cuántos muertos hay?
-Sólo cinco.
-¿Sólo cinco? ¿Y eso qué es?
Los periodistas son (o somos) así. No nos alegramos por que haya una gran tragedia, pero todos queremos estar en la redacción un 11-S o un 11-M. Ahí, pese a la responsabilidad, las horas y horas de trabajo… nos realizamos.
Quizás porque vemos la utilidad de nuestro trabajo (hacer que la gente se entere de hechos que le interesan), quizás por el virus de la vanidad, que nos quiere hacer pensar que hacemos historia. Todo por poder decir “yo cubrí tal catástrofe”.
Al final, de un cierto nerviosismo inicial, acabamos resucitando a los muertos, que en un primer momento son miles y después acaban siendo sólo decenas. Pero si eso se vive así en la redacción, multipliquemos por 100 y vayámonos a las zonas en conflicto.
Un estudio de Mark Brayne, que leo en el Diario de Navarra vía Era digital viene a decirnos que los periodistas, en contra de lo que se pudiese pensar, no estamos preparados para los grandes traumas. Es un alivio (¡seguimos siendo humanos!).
El estudio dice que los medios mandan a cubrir traumas a profesionales que no tienen ni idea de cómo enfrentarse a ellos.
Según los datos de este antiguo corresponsal de la BBC y Reuters, “un 28% de los corresponsales de guerra con una media de quince años de carrera van a desarrollar en algún momento de su vida estrés postraumático y secuelas como depresión o alcoholismo“.
Continúa Brayne: “un periodista puede caerse y romperse una pierna y se le envía al médico, pero si alguien va a una guerra o cubre por ejemplo un abuso sexual infantil, también se puede dañar”.
Quizás para cambiar eso, Brayne a creado el Dart Center for Journalism and Trauma, que pretende cambiar muchas mentalidades y hacer conscientes a los medios de que un corresponsal de guerra puede volver muy tocado. Pese a volver entero.
Muy bueno el artículo. Leo este blog desde hace unos días.
Suerte.
Nuestra grandeza es nuestra flaqueza. Somos nada más y nada menos que simples mortales. Avísame el día que aparque mi corazón antes de ponerme a escribir. Ese día preferiré hacerme notaria, es la misma cosa, pero da más dinero.
Estoy de acuerdo. Pese a que la presión es grande y la exigencia máxima, no es mejor el periodista sin escrúpulos que logra una falsa eficacia que el que escribe con el corazón. Nos jugamos el pellejo en ello (el sentido social del Periodismo).
Vivo lo que hago y hago lo que siento. El día que deje de sentir abandonaré mis sueños. Ese día colgaré los lápices y los cambiaré por frustraciones.
Salud y larga vida al periodismo!!
Seguid escribiendo con el corazón, y haciéndonos llegar todas las emociones necesarias de la información! Un brindis por quienes así lo hacen!!