Más que contarlo, ser el responsable
En España tenemos ya casos de sobra como para preocuparnos por la violencia en las aulas. Por ejemplo, el de las tres niñas de primero de ESO (12 años) que le rompieron a una compañera la pierna por tres sitios distintos, o el instituto de Alicante donde un profesor recibió una paliza mientras una alumna lo grababa todo con un móvil, para después ofrecérselo por 100 euros a la prensa.
Fuera también parece que ocurre, como en Italia, donde escolares propinaron una paliza a un niño con síndrome de down mientras se grababa.
Eso sí, en EEUU nos ganan por goleada, no sé si gracias a Charlton Heston, porque allí hay tiroteos y muertes. La última ayer: con un alumno muerto a balazos. Otros casos han sido inmortalizados por el cine, con películas como Elephant.
Vía Libro de Notas llego a un artículo sobre la responsabilidad del actual sistema educativo en el el tema.
Según cuentan los profesores, la actividad del educador se está convirtiendo en un infierno, ya no por el carácter conflictivo de los propios niños, sino por el de los padres.
Los niños de ahora, más que temer el efecto que sus travesuras puedan causar en el humor de sus padres aprovechan cada vez más fácilmente la posibilidad acogerse a su protección cuando son castigados.
No es raro que los padres reclamen en el centro porque se ha castigado a su hijo, o porque ha suspendido, haciendo mella en la credibilidad y autoridad del docente, que acaba por verse indefenso ante los insultos, blasfemias o agresiones en las aulas. Muchos no lo soportan.
Ahora bien, yo me pregunto: ¿cuál es la responsabilidad de los medios de comunicación en este tipo de sucesos?
En la profesión hay una vieja costumbre, muchas veces rota: no informar de los suicidios, o hacerlo con mucha cautela. Se suele argüir que informar muy explícitamente del suicidio puede tener una influencia indirecta sobre los que se plantean dejar de existir.
No sólo pasa con los suicidios, según sabemos. Tenemos bien recientes otros casos, como los de los tres niños que se ahorcaron tras ver la ejecución de Sadam por televisión.
Quizás podríamos extrapolar a otros tipos de suceso, como la violencia de género, la callejera…
La segunda pregunta que me hago: ¿hasta qué punto son responsables los medios de comunicación del efecto que puedan producir noticias de impacto en la sociedad? ¿hasta qué punto tienen derecho los medios a autocensurarse atendiendo a esa responsabilidad?
Quizás los hechos violentos en las aulas, contados con lujo de detalles, animen a otros chavales a emular a los héroes que pegan a un profesor. Quizás haber ofrecido a Sadam con la soga al cuello haya ayudado a causar la muerte de estos tres niños.
¿Renunciaríamos los medios a ofrecer ese vídeo, de alto interés informativo, para que esos niños no emulasen su contenido? ¿Deberíamos haberlo hecho, previendo posibles efectos? ¿Cuánto vale la vida de esos niños… menos que el interés informativo del material gráfico sobre la muerte del dictador?