Nadie a salvo de la censura
Llamémosle censura, presión, consejo, connivencia, colaboración, represión. Pongámosle el collar que se nos antoje. El poder político sucumbe, casi siempre, a la tentación de influir en los medios de comunicación, uno de los pilares de la libertad colectiva. No hace falta irse muy lejos en nuestra escala de democracias; hasta al más pintado le sacan los colores. En esta ocasión, a EEUU:
The publication of a new book by Eric Lichtblau, one of the two New York Times reporters who in late 2005 broke the story of the Bush administration’s warrantless surveillance program, is calling attention to how the White House successfully persuaded the Times to suppress its expose in the fall of 2004 — when it might have had a profound effect on President Bush’s reelection hopes.
En China, país todavía menos sospechoso de garantizar la división de poderes o la libre expresión, siguen encarcelando a críticos con el régimen o cerrando webs.
El disidente chino Hu Jia, conocido activista de derechos humanos que el año pasado estuvo nominado al premio Sajarov del Parlamento Europeo, ha sido condenado a tres años y medio por “subversión”, confirmaron a EFE sus abogados. [...] Esta sentencia llega un día después de que Amnistía Internacional publique un informe internacional denunciando que la situación de los derechos humanos ha empeorado ante la proximidad de los Juegos Olímpicos.
No se dan cuenta del mensaje ineficaz y contradictorio que envían, con una situación económica relativamente prometedora que inyecta aires de modernidad combinada con la más clásica represión, la de los paisanos que sí ven la realidad en color. Yo, si fuera Hu Jintao me daría una tregua y aparcaría la hoz de segar cabezas hasta después de la operación publicitaria de los juegos olímpicos. Claro que habría que correr el riesgo de que, para entonces, algunos enemigos de la república hubieran echado a perder tantos años de esfuerzo.