No más croques para el santo

El "santo dos croques" es un lugar especial en Santiago. Está en la catedral, y ha sido durante muchos años parada obligatoria en todo viaje turístico que se precie. No lo será más porque el cabildo ha decidido preservarlo de los toqueteos de los visitantes.

El santo no es en realidad tal y desde hace décadas los viajeros lo confunden con otra escultura que está justo al otro lado del pilar (sí, el lugar donde pones la mano no es, en realidad, el original santo dos croques). Desde hace siglos, los estudiantes universitarios que hacen de la ciudad un lugar muy vivo acudían a darle un golpe con la cabeza, confiando en que de esa manera tendrían suerte en el examen contando con la intercesión divina. También hay quien le atribuye curaciones milagrosas, entre otros favores

La leyenda del santo tiene su miga

Cuando ya estaban a punto de acabar las obras el arzobispo visitó el Pórtico. El maestro Mateo le iba explicando el significado de cada figura y a quien representaba en ella. Tras oír las explicaciones del escultor, el arzobispo se quedó mirando para el arco central, presidido por la figura de Cristo, y rodeado de los cuatro evangelistas; fue entonces cuando se percató de que allí había una figura de la que Mateo no le había dado ninguna explicación.

- ¿Y esa escultura a quien representa? – preguntó el arzobispo
- Ese soy yo -dijo- Después de la maravillosa obra que acabo de realizar, creo que soy merecedor de figurar representado en la Gloria…

Enojadísimo por lo que consideraba una osadía sin precedentes, el arzobispo reprendió con severidad a Mateo, que asumió la regañina cabizbajo y en silencio sepulcral. Pocos días después el escultor y arquitecto llamó al arzobispo para que le mostrase las modificaciones pertinentes en la obra: había desaparecido la figura que tanto lo había enojado.Y ahora había una nueva figura, arrodillada humildemente en la parte trasera del Pórtico, en medio de la oscuridad, de espaldas a la obra.En esta estatua penitente el escultor quiso representar el arrepentimiento por la osadía que lo había llevado a hacerse figurar al lado del mismísimo hijo de Dios.

También interesante es el punto de vista del escritor Manuel Rivas en El Pais acerca de la decisión del cabildo de impedir a las manos de los turistas saborear el aura del milagro:

Prohibir os croques na catedral de Santiago é unha das decisións máis tristes e erradas na historia da espiritualidade galega. Haberá un antes e un despois dos croques. Dise que é polo deterioro. Mais eu desconfío. Porque logo vai o voceiro do Cabido e di que o Santo dos Croques nin santo é. Lémbrame aquel sermón dun párroco anoxado coa forte crenza popular en San Antón: "Ese tal San Antón, ao lado de Deus, é un ninguén". Hai un certo estrabismo diverxente na Igrexa á hora de tratar cos santos "independentes", elevados á condición de santos polo pobo. Por unha banda, aprovéitase do seu poder de atracción. Por outra, mantennos nun estatus furtivo, provisorio. Agora veñen de despedir de santo ao Santo dos Croques, a mente transmigrada en pedra do mestre Mateo. A pedra da intelixencia.

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2 Responses to “No más croques para el santo”

  1. Vailima says:

    Me produce verdadera tristeza esta noticia. Al maestro Mateo le tengo en gran aprecio y me duele la decisión. Seguro que no le hubiera gustado a él tampoco.
    saludos

  2. Ra says:

    Pues yo, si es para proteger una estatua del siglo XII, no veo del todo mal que no dejen manosearla. De todas formas el Santo dos Coques se pasaba la mayor parte del tiempo solo, mientras los turistas y visitantes daban cabezazos contra la figura que hay del otro lado de la columna, que parece ser que no representa a nadie concreto, y cuya única función es soportar el peso de la columna y permitir que la luz entrase a la cripta que está bajo el Pórtico de la Gloria. He visto colas de gente que bajaban las escaleras del Obradoiro y llegaban a la mitad de la plaza para dar los coques a esa figura, mientras Mateo permanecía tranquilamente arrodillado hacia el altar de la catedral, ajeno a lo que ocurría a sus espaldas.

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