Tras el bachillerato y la selectividad, miles de jóvenes se deciden por una carrera universitaria para labrarse un futuro, buscar un trabajo y alcanzar una buena posición social. De hecho, en la cebolla de la sociedad hay metidas capas que aluden al valor añadido de ser licenciado, cuando no es sino una de las muchas opciones que se pueden escoger para desarrollar una labor profesional.
Los periodistas, hace unos cuantos años, se empeñaron en que querían ser licenciados. “Queremos ser como los médicos”, con licenciatura propia, doctores, cátedras… Se montó una gran estructura, que substituyó a la vieja Escuela de Periodismo mientras nacían las primeras facultades de Ciencias de la Información. Hoy son más de cuarenta en toda España, que ofertan titulaciones con una nota de corte alta para entrar, pero un nivel de exigencia mínimo durante los cinco cursos, teniendo en cuenta la capacidad de los estudiantes.
Para alegría de las abuelas, que piensan en vivir hasta que su nieto presente el “parte” de las nueve, el estudiante de periodismo inicia un camino de sinsabores. Eso, el que lo inicia: las clases están llenas de funcionarios, de pupitres de primaria, del aprobado como meta.
Para colmo, los planes de estudio son, en muchas universidades públicas, ineficientes por una carga teórica exagerada y con las prioridades mal fijadas. Conocimientos vacíos de un saber que no es ciencia, enaltecimiento de unas técnicas que no son asimilables a leyes generales. Teoría de la comunicación, de la información, estructura de todas ellas, y después un “remix” de canciones que imitan a los grandes clásicos: Economía, Relaciones Internacionales, Derecho, Literatura… Estas materias podrían servir para una formación “general” de cualquier persona, pero la realidad es que al final, los periodistas somos un océano de sabiduría con un centímetro de profundidad, o usando otra frase bonita, podemos hablar diez minutos de cualquier cosa pero no una hora de un tema concreto. Quizás deberíamos ir pensando en definir de otra manera al periodismo y las formas de acceso a la profesión. En una palabra, resignarnos a que no por poseer el título de licenciado se es más (o mejor) periodista que los que no lo tienen.
Muchos dicen que las universidades fallan en su primer siglo de vida, que hay que apostar por ellas, pero lo claro es que hoy por hoy se puede aprender mucho más fuera de las aulas que dentro, con honrosas excepciones. Ser licenciado no es, al final, gran cosa. Cada año salen de las facultades miles de periodistas indiferenciados que el mercado, pese a la revolución informativa y la multiplicación de las formas de información, no es capaz de absorber. Jóvenes que apostaron por unos estudios mezcla de muchos y sin la complejidad de una ingeniería, se encuentran cuando llegan a quinto con que los mejores años de su vida no les procurarán la independencia de los padres, y que la carrera de periodista no ha sido más que un sueño.
Siempre queda la posibilidad de hacer un master para probar suerte, o sondear enchufes para entrar en algún medio. En esta profesión, “si tienes padrino, te casas”.
Pero este tipo de reflexiones, como es habitual, no importan demasiado. Ha llegado el verano y las deseadas vacaciones, España se enfrenta a Francia en cuartos, y la pescadilla se sigue mordiendo la cola, desgarrada y sin escamas por tanto becario, colaborador mal pagado, estudiante sin vocación o facultad viciada.
Rosa J.C. y Pau Llop también han reflexionado sobre el tema.
lamentablemente no sólo pasa en periodismo…
“un nivel de exigencia mínimo durante los cinco cursos”. ahí, ahí. Acabo de terminar Periodismo y, sinceramente, no era lo que me esperaba. He aprendido mucho, pero también me he quedado con las ganas de hacer otras cosas y de conocer otras tantas. Además, como bien dices, programan muchas asignaturas inservibles. En fin, luego consigues el título y ¿qué? Encontrar trabajo es muy difícil sin un “padrino” y, encima, una profesión maltrecha por tantos intereses. Se gana poco haciendo mucho. Sin embargo, nos encanta no?jajjaa. Por cierto, ¿algún consejo para un joven periodista con un futuro negro?Saludos
¿Consejos? ¿Y si fundamos una asociación e intentamos conseguir subvenciones? Un saludo Jose
Chapeu por el análisis.
No sólo por lo extenso, profundo y desenfadado al mismo tiempo, sino por ser capaz de concluirlo sin hacerte el harakiri.
Realmente, en la facultad hay muchísimas cosas que cambiar, empezando por las deficiencias del plan de estudios, como bien dice Pedro, y siguiendo por muchos profesores que no tienen interés ni pasión por enseñar cosas ÚTILES, solo teoría que ni ellos se creen. Es curioso que, a falta de un año para licenciarme, no haya practicado redacción periodística todo lo que se supondría a priori (¿ alguno de vosotros sí? Yo lo que sé lo sé gracias a las prácticas, que ya tiene c…), y sólo sepa poco de muchas cosas, que no niego vaya a necesitar en algún momento de mi vida.
Sin embargo, a pesar de todo, sigo queriendo esta profesión y esta Facultad. No me preguntéis porqué, pero es así. Sé que el futuro es negro, pero hay que intentarlo ¿no?
Por lo demás, gracias a Pedro, porque es uno de los poquísimos profesores de esta Facultad que ve las cosas con realismo y no desde la poltrona prepotente del catedrático.
Los verdaderos periodistas no necesitan un papel para saber que lo son. Por eso creo que el problema del periodismo como licenciatura no es que haya muchas asignaturas que “no sirven” (para mi son fundamentales para estructurar el coco) sino los profesores que no están a la altura de su cargo. Cuando uno está encima del pupitre está condicionando la vida de 30, 40, 50 jóvenes. Personas que quizá algún día condicionarán la vida de todo el mundo.
Considero la creatividad el futuro del periodismo. ¿Sirve de consejo?
El Pedro al que se refiere Ramiro Lapeña es Pedro García Alonso, profesor en Ciencias de la Información de la UCM, que ha puesto un enlace a esta entrada desde su blog. Gracias.
Yo, hasta ahora (y aún me quedan años) he tenido dos profesores buenos. Y soy de los que han tenido suerte. Me han enseñado muchas cosas. Pero esos dos profesores no justifican dos años de carrera. Eso sí: se puede utilizar a la facultad mucho más de lo que se utiliza habitualmente. Buscar a esos buenos profesores, emplear el tiempo de las malas clases en otras ocupaciones o asistir a cursos, seminarios. Lo bueno de la carrera es que, si quieres, te deja espacio para hacer mil cosas más. Y ese tiempo es muy valioso. Eso sí: ¿qué voy a aprender de tantas asignaturas inútiles? ¿Cómo podemos equiparar el periodismo a la medicina revistiéndolo de licenciatura? Creo que son cosas distintas…
Y sobre los profesores… Se da la circunstancia de que hay profesores que enseñan redacción que han pisado un medio de comunicación durante un año, o unas prácticas. Profesores que vienen de otras facultades con el espíritu de esas facultades…
Hay mucha tela donde meter la tijera
Las titulaciones y los planes de estudio son siempre un tema controvertido. Todas las universidades y ciudades quieren tener cuantas más escuelas y facultades mejor. Dígase lo que se diga, a nadie le importa si se necesitan tantas facultades de periodismo (de otras titulaciones se podría decir lo mismo porque hay casos escandalosos de despilfarro inútil de dinero público). Pero una vez conseguida (que significa éxito inmediato de los promotores de la cosa), hay que elaborar los planes de estudio: ahí entran las peleas por las competencias, por meter asignaturas, conseguir horas y colocar a los nuestros. Métase lo que se meta siempre se podrá justificar con una buena dosis de verborrea. ¿Cómo sinó se explica que, a dia de hoy, un periodista pueda conseguir su título sin haber cursado un sólo idioma extranjero?. Es un buen artículo este, por lo que supone de reflexión y crítica, pero el mercado no absorve a nadie, aunque sería estupendo que, por lo menos, pudiera absrober a los buenos, porque si absorbe absorbe con be.
No somos perfectos, escribimos con prisas… Gracias por avisar! Periodistas…
Pues a mí me ha merecido la pena la facultad. He aprendido bastantes cosas, he conocido a mucha gente, he madurado, he pasado buenos ratos y he tenido la suerte de tener profesores bastante buenos, aunque la mayoría no valgan demasiado.
Por cierto, se agradece a Pedro Gª Alonso lo de que esté preocupado por sus antiguos alumnos y tal. Pero es que eso ya se ha convertido en spam. ‘Hola, soy tu profesor… blablabla… mira esta beca en MI blog’.
una vez más, los consejos de Pedro se revelan como imprescindibes para el camino de luces y sombras que supone el ámbito laboral.
A los que sois tan críticos con la carrera, os diré que desde la distancia se ve de otra manera, porque en el ámbito laboral se necesitan muy pocos conocimientos técnicos y muchos sobre la vida y las personas. Y en eso, nuestra facultad es única. Eso sí, hay que especializarse en ámbitos no masificados: no se os ocurra querer ser periodistas deportivos… Un consejo, en las empresas se vive muuuuuuuucho mejor que en los medios. Economía, Marketing, Comunicación con tres idiomas, Planificación de Medios, Copy… son posibilidades en las que aún hay bastante trabajo.
Hay profesores malos, muy malos, cierto. Pero qué queréis, ¿profesores que trabajen en empresas? La Universidad ofrece a esas personas contratos como profesor asociado a tiempo parcial, es decir, 500 € al mes. Se supone que hay que compatibilizarlo con el trabajo, pero claro, igual a tu jefe no le hace demasiada gracia que te desaparezcas toda la mañana para ir a dar clase. En cambio, si no has trabajado nunca y has cursado el periodo docente del Doctorado, puedes ser profesor ayudante y cobrar más de 1.000 € al mes.
Muchas personas hacen el Doctorado y les encantaría dar clase, pero en su trabajo ganan un pastón. ¿pensáis que lo van a dejar para ganar 500 € en la facultad y tener que hacerle constantemente la pelota a algún que otro Catedrático para que no le dé la plaza a otro?