¿Para qué sirve un profesor?
Un estudiante, para provocar a un profesor, le dijo: “Disculpe, pero en la época de Internet, usted, ¿para qué sirve?”El estudiante decía una verdad a medias, que, entre otros, los mismos profesores dicen desde hace por lo menos veinte años, y es que antes la escuela debía transmitir por cierto formación pero sobre todo nociones, desde las tablas en la primaria, cuál era la capital de Madagascar en la escuela media hasta los hechos de la guerra de los treinta años en la secundaria. Con la aparición, no digo de Internet, sino de la televisión e incluso de la radio, y hasta con la del cine, gran parte de estas nociones empezaron a ser absorbidas por los niños en la esfera de la vida extraescolar.
Umberto Eco reflexiona en La Nación de Argentina sobre la transmisión del conocimiento que, con la tecnología -sobre todo con los medios de comunicación de masas- se ha diversificado desde la escuela o los padres hasta la página web más insospechada. No hay barreras, pero, en cambio, la educación falla y los estudiantes de generaciones anteriores se quejan de una formación cada vez más incompleta para los de hoy.
[...] He dicho que el estudiante dijo una verdad a medias, porque ante todo un docente, además de informar, debe formar. Lo que hace que una clase sea una buena clase no es que se transmitan datos y datos, sino que se establezca un diálogo constante, una confrontación de opiniones, una discusión sobre lo que se aprende en la escuela y lo que viene de afuera. Es cierto que lo que ocurre en Irak lo dice la televisión, pero por qué algo ocurre siempre ahí, desde la época de la civilización mesopotámica, y no en Groenlandia, es algo que sólo lo puede decir la escuela.
Echo de menos en los medios más formación, más escuela. Más todavía en los medios online generalistas y en los gratuitos que en los medios de pago, que sí optan por el análisis, aunque no sin esfuerzo y errores. La inmediatez está provocando que informemos del estallido de un conflicto pero pocas veces de sus causas o antecedentes. La punta del iceberg.
[...] [El estudiante] omitía un punto importante: que Internet le dice “casi todo”, salvo cómo buscar, filtrar, seleccionar, aceptar o rechazar toda esa información.
Las herramientas, la formación intelectual en el aprendizaje (aprender a aprender) faltan desde la escuela primaria hasta la universidad, con pocas excepciones, afortunadamente para mí alguna en cada nivel.
Donde más escandalosas han sido las deficiencias que yo he comprobado es en la universidad, justo donde debería darse un clímax y un asentamiento definitivo de unas bases ampliables a lo largo de la vida que queda por delante. Además, muchos padres por otras tantas razones, lejos de paliar las deficiencias del sistema público echan sal a la herida.
Una mala formación ocasiona muchas veces un rechazo hacia lo desconocido (un buen ejemplo lo pone Moncho en un comentario reciente, aquí al lado) o hasta la pregunta que encabeza esta entrada. “¿Para qué sirve un profesor?”"Desaparecerán algún día en su concepción clásica de maestro?”"¿A quién pedimos responsabilidades?”
porsilasmoscas.net | Espera 70 años para matricularte | Y no lo digo yo
El problema es que muchos -demasiados- profesores actúan como "informadores", en lugar de "formadores". Y mucho más, como bien dices, en la universidad: cuántos no llegan y sueltan su rollo magistral mientras el alumno está condenado a pasar hora y media tomando apuntes sin parar, mientras piensa que eso mismo lo tiene en Internet ya redactadito y maquetadito. Con los profes debería pasar lo mismo que con los medios tradicionales: o se "socializan", o a tomar por… Por suerte, todos conocemos a algunos profes 2.0…
¡Qué suerte teneis!. Aún conoceis a profesores que informan, algunos hasta forman….Eso será en la universidad. En la enseñanza media apenas hay nada de eso, ¡y no porque no haya profesores preparados!. Eso de informar (y mucho menos formar) es, en la inmensa mayoría de las veces imposible. Porque se ha convertido en una enorme guardería, más bien un circo, donde se recoge a toda la vasca de 12 hasta la edad en que decidan irse, durante una parte del día (los padres quisieran que fuera por más tiempo). Se les recoge en sus casas, se les proporciona calefacción, y las mínimas comodidades para que puedan ir pasando el tiempo. En ese circo el número más amplio es el de los payasos. Esos los pone el estado: son los profesores. Los MP3, MP4, Mp5 y superiores, móvil de última generación (por supuesto con cámara e infrarojos..), motos con escape libre, y demás elementos de identidad los asume sin problema la iniciativa privada (eso sí, libros gratis, total ¡para lo que se usan y sirven!). Después de varias sesiones los payasos ya no hacen gracia y se convierten en seres aburridos, entonces hay que divertirse burlándose de ellos, insultándolos o agrediéndolos. El alma de artista que todos llevan dentro sale a relucir y se juega a directores de cine: se graba la escena (y se difunde, sinó no tiene gracia). Luego unos achuchones en clase, pasillos o lugares bien visibles. La creatividad es explosiva y no se puede limitar: los mejores sitios para comprobarla es en las paredes y mesas de las aulas, cualquiera que quiera entrar en un centro tal día como hoy……Pero el asunto debe ser eficaz para el sistema porque aún no he visto a nadie que se planteara cerar algunos de los circos.
Una pregunta, Antón. ¿Qué pasa con los centros privados? ¿Controlan mejor estos excesos? ¿Se dan?