Sin aplausos pero con ciudadanos
Parecía que estaba todo visto y que sólo se estrenaban nuevos y discutidos formatos en la telerrealidad del cambio de imagen, pero TVE nos sorprendió, pese a las espectativas creadas, con un programa nuevo en España que es ya muy popular en otros países. Por ejemplo, a Ségolènene Royal le sirvió para remontar en las encuestas en un momento en el que estaba a la baja.
Zapatero no tiene la fluidez y la magia de los políticos franceses y tampoco la oratoria de Rajoy, y se perdía en jardines como “fomentar la inserción laboral” o “ampliar la retribución”en lugar de “crear más trabajo” o “subir las pensiones”, lo que le hubiera permitido jugar en la liga de las personas ‘normales’, como llamaban algunos medios a los ciudadanos que preguntaban.
Además, Zapatero hablaba demasiado y paseándose por las estadísticas, abusando de sus gestos de toda la vida que ningún asesor comunicativo ha conseguido desterrar. Le falta cercanía, responder utilizando los nombres de sus interlocutores y bajando a la arena.
Al formato le faltaron aplausos y agilidad. Quizás TVE podría permitir una reducción del número de intervinientes (cuyos planos parecían haber sido tomados en un autobús) en favor de intercalar vídeos con preguntas o reportajes sobre preocupaciones de los ciudadanos, que el invitado podría ver en otro set o ambiente (sentado, por ejemplo, en un sofá con Milá). Sólo por oxigenar y para que el formato pierda rigidez. Eso sí, el plató es atractivo y el invitado de pie y solo tras una mesita es interesante.
Pese a estos detalles, el formato fue, en su estreno, un éxito clamoroso, de esos que necesitaba TVE y el nuevo presidente de la Corporación, Luis Fernández. Alcanzó los siete millones en el minuto más visto (el del café) y una audiencia del 30%, un verdadero hito para un programa político y de debate, con corbatas y sobre lo que le interesa a la gente.
Siempre se dice que la política no interesa o que nuestros jóvenes se desentienden. El formato supone un acercamiento a los ciudadanos, que preguntaron sin cortapisas (muchos no lo esperaban) sobre lo que interesa. “¿Cuánto cuesta un café?”, “¿por qué no puedo comprame un piso?” Inmigrantes, víctimas de la violencia doméstica, jóvenes que le recordaban el “no nos falles”.
La idea es fresca, complementaria a todas las fórmulas habituales de relación entre políticos y ciudadanos y sin apenas periodistas, que no pudieron repreguntar y contradecir con datos a las respuestas de Zapatero, pero tampoco alejarse de la realidad y caer en el ‘dejuanachaísmo’ o en el ‘estatutismo’. Sólo por eso merece la pena.
No creo que a Rajoy lo vea tanta gente, pese a que domina mejor la oratoria que Zapatero. Ya no es novedad. Pero el formato vale y merece la pena.
Pese a que no sea espectacular o maneje las pasiones más bajas de la audiencia, el programa demostró tener un interés claro, por la frescura y el carácter ciudadano.
Puedes ver una muy buena crónica en Bottup, las 42 preguntas en El Periódico y las reacciones de la blogosfera en Technorati.
Un aplaso, no para él, sino para tu crónica.
Me quedo con el momento de lucidez que tuvo de que el café costaba 30 céntimos… que nos diga donde, ¿no? jejeje. 1 besiño desde tierras gallegas.
Me colé en el teclado…fueron 80 céntimos…
No vi el programa. Sólo me entero de lo que dijo por loque ahora se comenta. Es que lo más imortante que dijo el Presidente fue lo del café???? Espero que no, que hubiese dicho algo de más interés y lo de los 80 céntimos del café sea sólo la anécdota (espero que así sea).La crónica bien, efectivamente, y no son flores.Saludos para Daniel también desde tierras gallegas (que vean que exportamos buena gente).