Versión original
Una de las causas por las que los españoles no somos muy duchos en la lengua de Shakespeare es porque los medios de comunicación están en nuestro idioma. Parece algo obvio, pero ser un país que pueda tener muchos dobladores nos impide disfrutar de los programas y películas extranjeras en la lengua en la que fueron concebidas, con sus mismas expresiones.
A veces, en una interpretación cinematográfica, la voz y la entonación son la mitad del papel. Así lo comentaba hace unos días Hernán Casciari en su blog a raiz del Oscar que Holliwood le ha dado a Bardem por No country for old men.
El 90% de ese premio tiene que ver con la voz y el acento que consigue Bardem en esa película. Y aquí viene el tema del que me importa hablar hoy, y del que nadie parece hablar en los medios, pues están todos festejando.
En la enorme mayoría de los cines españoles, No es país para viejos se emite doblada al castellano (a raíz de una costumbre que ha heredado España de la dictadura franquista). Por lo tanto, la voz espectacular de Bardem, sus cuatro meses intensivos de inglés, sus noches en vela y la perfecta dicción que consiguió con un esfuerzo sobrenatural, corren por parte del doblador profesional Jordi Boixaderas.
Es una lástima muy grande que un país entero se emocione por el premio a uno de sus más grandes actores, pero no pueda escuchar la voz que provocó ese premio.
La comparación es odiosa:
Nunca mejor dicho, ¡nos la meten doblada una y otra vez!. Así nos va (no hay más que ver el informe PISA sobre educación, que es muy optimista respecto a la realidad de gran parte de los centros del sistema educativo). Pero, después de todo ¡que más da!. Acaso no somos ricos…entonces pagamos a un intérprete (o al doblador). Y si somos pobres ¡para qué necesitamos el inglés!
¡Cuánto listo, que presume de saber de cine, aficionado de pico, que nunca ha oído hablar a lo que dicen ser sus ídolos y dioses, sinó a los excelentes dobladores que tenemos!