Ya van dos, que sepamos
Comentadísima la retirada de Idomeneo de la Deutsche Oper de Berlín. La libertad de expresión está en juego cuando no se le puede cortar la cabeza a nadie en una ópera del siglo XVIII, aunque el montaje no lo previó Mozart, sino que es nuevo. O cuando el Papa no puede opinar, como cualquiera, lo que opina. Eso sí, otros lo hacen, aunque las represalias no son tan despiadadas.
La prensa lo lleva a sus secciones de iternacional (La Vanguardia le dedica su 3, y en El País hay portada para Merkel) haciendo hincapié en las imágenes ‘ofensivas’ de las cabezas de Mahoma, Jesucristo y Buda. Manuel Rico dice que al que no le guste, que no vaya ”porque no es obligatorio. Y que respeten a quien quiera ir. Otra cosa es que en Occidente nos olvidemos muchas veces de las diferencias que existen en el mundo musulmán y generalicemos considerando a todos unos fundamentalistas peligrosos“. Varela, que “cuando no dejamos que rueden las cabezas de los dioses por la rebelión de los hombres es que hemos perdido la batalla contra el totalitarismo y el terror“.
Isaías Lafuente señala que, desde las viñetas, nadie se ha atrevido a emular la jugada: “de haberlo hecho, lo habríamos sabido. Las manifestaciones, la quema de banderas, las amenazas de muerte a los dibujantes y a los representantes políticos de aquel país, parece que surtieron efecto. El silencio. La autocensura generada por el miedo“.