Hasta el secretario general de la OTAN, el saliente Jaap de Hoop Scheffer, borró el disco duro de su memoria, el “no business as usual” con Rusia con el que nos obsequió en agosto para erigirse en el hilo conductor del cambio. “Espero que los ministros estén de acuerdo conmigo”, aseguró Scheffer como humilde autor de la nueva posición. La Alianza, que busca su papel en un siglo XXI sin URSS, volvió a hablar con Rusia, aunque el Kremlin no se vuelva atrás en el reconocimiento de Abjasia u Osetia del Sur como estados independientes. Aunque presuma orgullosa de la invasión de Georgia. “El mundo ha cambiado desde agosto”, señaló Moratinos a los periodistas, “hay una nueva administración en EEUU”, añadió, por si se nos había olvidado.
Su cabeza visible, repeinada y rubia, es la nueva dama de la diplomacia estadounidense, que habla en nombre de Obama, el presidente al que todos se mueren por conocer y agradar. Llegó, le hizo un guiño a Irán, bendijo las paces con Rusia, firmó algún autógrafo a periodistas entregados y se fue sin pedir oficialmente más tropas para Afganistán, pero sabiendo que se las darán en un plazo exacto de un mes. Como mucho.
Hillary Clinton finaliza en Bruselas, con los “aliados europeos”, un viaje internacional de toma de contacto dentro de sus funciones como Secretaria de Estado. Con anécdotas, como las medidas de seguridad que hacen que su hotel sea secreto o el debate “made in USA” que este viernes mantiene con jóvenes europeos (es decir, adultos de menos de 35 años).
Y el martes, Joe Biden; y el 31 de marzo, Obama. Se multiplican las cumbres y la presencia de un Gobierno de EEUU de impecable imagen, labrada a base de poder blando. Un colega me recordó hace poco que no es muy acertado pensar que Europa haya ganado peso por las reuniones y las buenas formas. EEUU sigue mandando y tomando las decisiones (como siempre), con la diferencia de que ahora nos gustan más.
Científicos alemanes y austrlianos han descubierto, en un poema medieval, una posible prueba de que el deporte por el que se apasionan los británicos (no todos), podría tener su origen en Flandes.
Paul Campbell, of the department of English and theatre at the Australian National University, Canberra, uncovered a reference to the sport in a poem composed in 1533 and attributed to John Skelton, a popular poet and playwright of the day.
The poem links the game to immigrants from Flanders (in modern-day Belgium), France and Holland.
In the work, The Image of Ipocrisie — much of which is a diatribe against parts of the Church — Skelton also appears to rail against the Flemish weavers who settled in southern and eastern England from the 14th century. He labels them dismissively as “kings of crekettes”.
La UE quiere importar la marca Obama. Mejor dicho: todos quieren parecerse a Obama, pero ante la falta de una marca de partido líder o hasta candidato a eurodiputado europeo, en Bruselas se multiplican los intentos. Suecia, que presidirá la UE el próximo semestre (después de los checos, antes de Zapatero), ha anunciado a bombo y platillo su logotipo, que sólo los funcionarios y periodistas llegaremos a conocer.
Coincidencias a parte, pocos están haciendo un verdadero esfuerzo por darse a conocer, a sí mismos, a sus partidos, o a los propios comicios. Algunos están apostando por el uso de redes sociales, aunque son minoría.
Parecerse a Obama tampoco es tan fácil. No es cuestión ni del color de la piel, ni de la juventud, ni de los apodos que te pongas. Y si no, que se lo pregunten a Emilio Pérez Toruiño, “o Touriño” que quiso ser llamado “o presidente” y que acabaría siendo recordado por su inexplicable fracaso electoral.
El presidente de la República Checa estaba muy tranquilo. Sabía lo que le esperaba. Sabía a lo que iba. Sonó el himno (de la alegría, la novena de Beethoven), la bandera ondeó, los parlamentarios se pusieron en pie y los ujieres desplegaron el protocolo habitual. Pero ni a Vaclav Klaus, presidente de la República Checa, le gusta la bandera Europea, porque se niega a izarla en su residencia oficial, ni el protocolo de la UE, donde asegura que hay “una gran distancia entre el ciudadano y las instituciones, un déficit democrático, una pérdida de la responsabilidad, decisiones tomadas no por los elegidos, sino por los designados”.
Lo mejor quizás ha sido cómo, en contra de las organizaciones internacionales, la UE, y hasta Greenspan (el nuevo keynesiano), o Bush, el presidente checo dijo que la crisis se debía a que el mercado no es lo suficientemente libre. Vamos, que menos reglas y que se sigan creando productos virtuales.
Los eurodiputados también sabían a lo que iban. Patalearon. Abuchearon. Salieron del hemiciclo a grito de “vergüenza”.
Pero Klaus es peligroso, porque como un converso predica valores como la libertad. En exclusiva.
Yet, over the twenty years since the fall of communism, I have been repeatedly witnessing that the feelings and fears are stronger among those who spent a great part of the 20th century without freedom and struggled under a dysfunctional centrally planned and state-administered economy. It is no surprise that these people are more sensitive and responsive to any phenomena and tendencies leading in other directions than towards freedom and prosperity. The citizens of the Czech Republic are among those I’m talking about.
En su discurso, aplaudido por la extrema derecha y algunos conservadores británicos, destila además una comparación bastante ofensiva: la de la UE y la Unión Soviética. Klaus se siente víctima de ambas.
La viñeta del sueco Siber, ganadora del premio Press Cartoon Europe de este año, expresa muy bien un aspecto de la crisis económica que arrasa EEUU y Europa. “Ante la amenaza del cambio climático, pensamos de buenas a primeras en salvar a la industria del automóvil, que son las principales responsables de la emisión de Co2″, señala Jean Quatremer, periodista y miembro del jurado.
El tercer premio, titulado “Retirada de Rusia” (de Georgia, se entiende), es del holandes Pluis:
Si diriges un periódico o una institución, no puedes no tener tu propio canal de televisión. Ahí sí hay coincidencia, desde los alcaldes a las más altas instituciones europeas. Lo malo es que, a veces, no sirven más que para que los periodistas vean actos oficiales desde casa.
Cuenta Bruno Waterfield, el correponsal del Daily Telegraph en Bruselas, que distintas fuentes parlamentarias apuntan a que la televisión del Parlamento Europeo sólo ha sido vista por 160.000 internautas desde que se lanzó, en otoño. De ellos, 60.000 de habrían entrado en la primera semana. Son rumores, ya que la Eurocámara no difunde unas estadísticas oficiales. Aseguran estar más interesados en la calidad que en la cantidad. Supongo que como en el voto en urna.
El problema es que la herramienta cuesta al año nueve millones de euros, según los propios presupuestos de la UE, que no todo el mundo que trabaja en ellas parece conocer (ver página 13). A pesar de la preocupación de unos pocos, las elecciones europeas de junio siguen despertando un nulo interés entre los pocos que todavía saben que están a la vuelta de la crisis. ¿Qué responsabilidad tiene Bruselas?
Dice Gabilondo que ya es costumbre. Hemos visto tanto dolor que la tragedia tiene muy difícil superarse a sí misma. Es un concepto demasiado absoluto como para que sus repetidas plasmaciones prácticas sean noticia continuamente. También pasa en otros ámbitos donde la sociedad y los medios de comunicación acaban por deshumanizar la tragedia, precisamente porque le pasa a muchos seres humanos muchas veces. Los atentados en Oriente Medio son otro buen ejemplo.
También se deshumaniza el fondo de los movimientos migratorios. Para el ministro, “no caben” más inmigrantes en tiempos de crisis, no son “necesarios”. En tiempos de bonanza, España lo que hace es acoger generosamente a personas que buscan una vida mejor. Las personas que dejan su vida asumiendo un gran riesgo son bienes con los que se comercia según conviene.
Pero nadie emigra generalmente porque quiere (y más desde la extrema pobreza). Tan fuerte como la desesperación del inmigrante, que no es un número, que tiene familia, debería ser la presión moral para la acogida en un país en el que, por mucho que siga subiendo el paro, todavía quedan muchos muchos ricos.
Así compareció el ministro de Finanzas de Japón en la rueda de prensa posterior al G-7 de Roma, el pasado fin de semana. Por supuesto, ya ha dimitido. El ambiente de estas reuniones no siempre es tenso y aburrido como sus ruedas de prensa.
Una cifra no apta para euroescépticos. En los seis meses que durará la presidencia de la Unión Europea que ostentará Suecia en el segundo semestre del año se van a celebrar 6.000 reuniones. La cifra fue anunciada por Christian Danielson, el embajador de Suecia ante la UE, y denota para algún centro de estudios de perfil euroescéptico como Open Europe, por supuesto británico, la presencia de una nueva enfermedad. La de la “locura de la reunión”.
Las 6.000 reuniones, teniendo en cuenta que agosto es el mes oficial de vacaciones en el barrio europeo, se traducen en 60 al día.
De todas ella saldrán “contactos muy estrechos” entre administraciones, “espíritu positivo de entendimiento” y el objetivo de hacer “todo lo posible, lo más rápido posible”, para solucionar cualquier problema. Qué menos.
Supongo que la cifra de 6.000 reuniones no está muy lejos de las de otras presidencias. En el caso de los checos, que presiden el Consejo de la UE, de poco parece servir la infraestructura. Cada vez más voces se unen a la crítica contra la República Checa por no ser capaz de manejar el timón en tiempos de crisis económica. Más aún si la comparamos con la hiperactiva UE que Sarkozy dejó (casi a la fuerza) el 31 de diciembre de 2008.
En todas las radios y televisiones escuchamos lo mismo. “Vivimos tiempos excepcionales”. Y difíciles. Lo dicen nuestros políticos, pero ellos tienen siempre el oficio asegurado. No así los periodistas, para quien la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), que espera que 4.000 colegas se vayan a la calle en 2009.
Ahora nos dicen hasta otra, y los demás seguimos adelante esperando que no cierre nuestro medio y que no recorten en ‘recursos humanos’ mientras ellos se enfrentan al desierto de lo real. Gracias, y hasta otra.