
Chaguazoso es una de los pequeños pueblos de la provincia de Ourense que pronto se convertirá en estadística. Entrará a formar parte del número de pueblos abandonados, víctima del éxodo rural y de la muerte, dilatada en el tiempo pero constante, de sus habitantes más mayores.
De ahí viene el apellido Basteiro, que no tiene que ver con Besteiro, bastante más común.Mis abuelos me han contado muchas historias, que en mi mente sonaron parecidas a las que contaron tantos autores gallegos durante un par de siglos. Sobre el trabajo en el campo, los inviernos duros o la alimentación. También sobre leyendas, muertes inexplicables, odios y venganzas.
Retrataban una sociedad que se ha convertido en urbanita aun en las aldeas. Una Galicia rural, del interior, que se ha abierto al resto del mundo y que, a la vez que se desarrollaba cultural e industrialmente (lo de la industria es un decir), iba perdiendo ese aire de lugar autosuficiente en sus sueños, aislado de Castilla. ¡Qué lejos quedaba hace unas décadas! En algunos casos más lejos que Brasil, Venezuela, Argentina o Suiza y Alemania, lugares recurrentes para la emigración gallega.
Lo contaba hace unas semanas El País: “Si en 2006, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), había 1.183 lugares completamente despoblados, en la actualización publicada figuran como desiertos 1.261 núcleos de la comunidad. Otros 712 lugares, en los que sólo vive un anciano, están a punto de convertirse en mera toponimia”.
La lucha por la esencia gallega está perdida en favor de la modernidad globalizada. Nos quedan los apellidos y la literatura.