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¿Debates, eucaristías de la democracia?

Monday, February 25th, 2008

Preparación del set del debate

Llegó el día. Con unas encuestas donde nadie despega (Zapatero no consigue su “mayoría amplia”, Rajoy no gana), el debate de esta noche y el partido de vuelta del próximo lunes podrían decantar el resultado electoral.

Que se debata es una magnífica noticia. Hay muchos motivos para hacerlo y ninguno para privarnos a los ciudadanos de más información. Coloca a España al lado de otras democracias donde la pasión por la contraposición directa de ideas es algo normal. Por ejemplo, Sarkozy y Royal libraron una dura batalla ante las cámaras antes de las últimas presidenciales francesas. En EEUU, tanto los demócratas como los republicanos se sientan alrededor de una mesa las veces que haga falta (ya van unas cuantas). Y eso que el proceso es todavía de primarias, dentro de cada partido.

En los medios de comunicación se le dedican páginas y páginas a lo que puede pasar esta noche. Decenas de canales de radio, televisión e internet lo ofrecen en directo. Cobertura total.

Pero no nos engañemos. Aunque los debates tienen su valor, lo que vamos a ver no es la eucaristía de la democracia. Todo discurso está estudiado, los candidatos llevan semanas con continuas reuniones, estudiando datos, los argumentos precisos… Utilizarán la técnica del vendedor de coches. Al haber tantos espectadores, lo más probable es que cada uno interprete su papel, tratando de persuadir y seducir más que de convencer. Para ello tienen que ser rápidos y hablar de España y todos sus temas en turnos de dos minutos durante hora y media. ¡Qué locura! ¿Es posible descubrir quién está más capacitado para gobernar España esta noche? Probablemente no. ¿Qué pasa si uno tiene un mal día, o se pone nervioso? Si los debates pueden decidir quien gobierna en España… ¿será por los nuevos aspectos de los candidatos que nos revelen estos debates?

debate2.jpgYo, para decidir mi voto, me fijo más en los programas electorales, los cuatro años de oposición y de gobierno, los puestos en las listas…

Aunque el debate es importante, y más durante la campaña electoral, no podemos olvidarnos de que tiene su parte de espectáculo (en el anfiteatro, animando durante toda esta semana, los medios de comunicación), de horario de máxima audiencia, de superficialidad televisiva.

Lo comentaba hace unas semanas Rafael Reig (igual de faltón que de genial):

Hablando de dogmas, no sé usted, pero yo estoy de los debates cara a cara hasta las narices. Me conmueve tanta fe en un debate, es una especie de superstición, como si fuera la eucaristía de la democracia. Todos, y sobre todo los que hemos estado casados, sabemos lo único que en realidad significa ganar en una discusión: ser más tenaz, más ingenioso, más simpático, tener menos escrúpulos, improvisar con más empaque, usar una retórica más efectiva… Por lo general, no tiene nada que ver con tener razón. Menos aún cuando la discusión se televisa. Uno puede tener razón y no acertar a defenderla en un debate porque es menos “mediático” o porque el otro usa añagazas, como preguntar el precio de un café o un billete de metro. Prevalecer en un debate es como ganar una pelea a puñetazos: el que vence sabe debatir mejor o es más fuerte, ¿y qué?

Tanto su artículo “La razón del debate” como “Que se peguen” ponen una nota discordante y sensata a esta sinfonía acelerada. Veremos quien llega con aliento al compás final.

Debate desde habitaciones separadas

Friday, February 22nd, 2008

debate.jpg

El dato de audiencia conocido hoy es quizás lo más interesante del debate que enfrentó a Pedro Solbes y Manuel Pizarro, números dos de PSOE y PP. ¡Valor estoico tenemos los españoles! La próxima vez, Antena 3 podría situar a los contendientes en habitaciones separadas, porque el resultado sería el mismo. Además, Matías Prats trabajaría aún menos de lo que reconoció. La frase “han sido muy escrupulosos con los tiempos acordados: creo que soy el moderador que menos ha trabajado” evidencia que de debate nada, sólo discursos aprendidos de memoria y un periodista que en vez de hacer preguntas se limita a ver una partida de ping-pong donde la bola nunca se va fuera.Ni uno ni otro entendió lo que significa un debate televisivo en horario de máxima audiencia. No dominaron el medio. Aunque se pacten normas de buen proceder, no puede ser que en 70 minutos no se hayan interrumpido ni una sola vez. No puede ser que no se mire al contendiente o a cámara, que no se gesticule, que se hable con la cabeza en el atril y no erguida y relajada.

Pero sobre todas las cosas, no se pueden utilizar palabras complicadas, largas o tecnicismos. Los espectadores desconectamos y nos aburrimos cuando oímos cosas como “defractar la economía” “impulso dinamizador” o “tipo único” durante más de 40 segundos. Y números los justos. ¿Alguien en la calle sabe si es particularmente relevante un incremento de mil millones cuando hablamos de 50.000 millones?

pizarro.jpgSi esto es la eucaristía de la democracia, espero que Zapatero y Rajoy celebren una misa negra. Debate poco y televisión, aún menos. No deja de ser curioso que nos vanagloriemos de que vuelva a haber debates y lo defendamos como la prueba de lo avanzada que es nuestra democracia. Al fin y al cabo, los discursos se llevan aprendidos (¡¡hasta escritos!!) y los dos partidos se ponen de acuerdo en casi todo antes de llegar al plató para representar un papel.

Solbes se llevó el despacho a plató. Tomando notas sin parar, sin apenas mirar a su adversario más que cuando le tocaba hablar (y para eso no siempre), dando números y comparando gráficas. El ojo izquierdo caido le daba una imagen de hombre mayor, fragil, compensada por su seguridad al hablar. Por suerte sólo lo mostró directamente a cámara en el alegato final. La corbata azul pegaba mucho con el plató y lo diluía en el magma del escenario. Un color más vivo le habría dado otra apariencia y más presencia. En el discurso vi a Solbes confiado, ministerial, de vuelta. “Como abogado del Estado deberían haberle contado mejor”, repetía para hacer notar que él es el que está al mando. Convencía cuando llamaba demagogo a Pizarro y lo interpelaba diciendo “vamos a hablar de cosas serias”.

solbes.jpgPor su parte, Pizarro no fue Pizarro. Al menos el Pizarro que usa esa empatía de pueblo, campechana (de Teruel), para conectar con la gente y convencer a entrevistadores hostiles. Dio la impresión de que le pudo el miedo escénico, que tuvo que recurrir a leer para no echar el debate a perder. Las expectativas se vinieron abajo muy pronto porque Pizarro no nos dio espectáculo sino que se dejó engatusar y llevar al campo de Solbes. No consiguió llevar al ministro a temas sensibles, sensuales y tangibles en los que pudiera haber ganado. Cuando lo intentaba parecía que escapaba de la fortaleza y los temas de Solbes. La presencia estuvo bien. Una mejor imagen que su contricante (no era difícil), a veces relajada por el cruce de pierna a pesar de la dureza que imprimen unos brazos estirados agarrando el atril.

La campaña no ha hecho más que empezar y nos quedan dos debates entre los números 1. Esperemos que den más juego.

And the Oscar goes to…

Tuesday, February 19th, 2008

An the Oscar goes to… Olga Viza y Manuel Campo Vidal (este ya lo sabíamos). Ellos presentarán los cara a cara Zapatero-Rajoy. Encarnan experiencia y credibilidad, sin que se perciban como cercanos a una cadena de TV concreta. Aunque será un punto más en su curriculum, ellos poco contribuirán a ello. Desde las luces hasta los tiempos, todo ha sido ya pactado.