
Naturalmente que las cosas han cambiado desde ese academicismo decimonónico volcado en representar una belleza ideal del cuerpo humano. La Ilustración ya se encargó de poner las cosas en su sitio y contemplar y explorar, empíricamente, aquellas contradicciones de la naturaleza. Pero el hombre, en su esfuerzo por ser homo esteticus y de paso quedar como el aceite, se ha permitido esa igualdad que asocia la belleza con la bondad. Todavía ahora, o ahora más que nunca, nuestros jóvenes (y no tan jóvenes) miran a la Pataky y piensan "qué guapa, qué buena está". Pues no, no les hablo de ese tipo de bondad, sino de la que tiene que ver con la ética.
Hacemos de la belleza un sinónimo de virtud y excluímos de nuestro "gusto" al deforme otorgándole sin más la categoría moral de indeseable. Belleza y bondad, fealdad y asco. Y en nuestro afán de ser hombres a manos llenas jugamos a ser dios y nos redimimos diciendo: si es que a la pobrecilla la hicieron así pero a ti, a ti no te perdonamos. Eres un dejao.
Malo más que malo.
El comentario, un post de Vailima. La imagen, cortesía de uno de sus amigos.