
Es una trampa, un concepto consecuencia de la persuasión de los políticos. ¿Existe un voto más útil que otro? Que los políticos aseguren que sí (curiosamente, siempre es para su propio partido) añade complicaciones extra al voto. Cuando la mayoría de elecciones libran la batalla de la abstención y el hastío, los partidos nos exigen que, si nuestro voto no se traduce en un escaño, nos obliguemos a cambiarlo por otro. De lo contrario nuestra participación democrática resulta inútil, sin sentido.
¿En qué se basa la ‘utilidad’ de un voto? Generalmente en encuestas, votos recibidos en otras elecciones, tendencia. Favorece a la conformación mayorías y, al final, al bipartidismo (sólo dos partidos pueden ser la base de un gobierno). Lo vimos en 2004 con Izquierda Unida, formación cuyos votantes merecen un premio por cometer en cada elección una heroicidad tan ‘inútil’. Cuando se quiso destronar al PP por el fiasco de gestión entre los atentados y el día de la votación, IU comenzó a perder votos en favor del PSOE.
En estas elecciones, los sondeos otorga una leve ventaja a los socialistas. Con motivo de ese margen estrecho piden el voto útil, que conforme una mayoría ‘amplia’ (¿por qué dicen amplia cuando quieren decir absoluta?) que les permita gobernar sin pinzas nacionalistas. El PP también lo pide para acabar con “el paréntesis en la Historia de España” que para ellos significa Zapatero. En las filas conservadoras lo tienen más difícil debido a su estricta soledad. Es difícil que resten votos a la izquierda y todavía más complicado que reconduzcan a votantes nacionalistas (PNV, CiU, CC), todavía más fieles en cuanto al logo de sus papeletas.
Por su parte, los nacionalistas también piden el voto útil, aunque a su manera. Es la única forma de que se oiga su voz en Madrid, de que la representación sea real. Incluso basan la utilidad en la territorialidad de las circunscripciones, ya que los votos no son absolutamente iguales: dependen de la circunscripción (por eso IU, otra vez en peor lugar, cosecha más votos pero muchos menos escaños).
Esta vez, se ha creado incluso una web muy interesante que permite medir en varios grados la eficacia de tu voto en cuanto a representación.
Se puede estudiar la ‘utilidad del voto’ en cuanto a la representación alcanzada, pero es una ecuación que depende exclusivamente de una variable. Y la variable puede hacer cambiar la previsión gracias a una alta participación, a unas encuestas con las preguntas equivocadas o a una movilización efectiva.
En términos de civismo o expresión democrática la utilidad del voto no tiene ninguna importancia. Al contrario, es una manipulación de los sentimientos de la gente, una utilización de las expectativas frustradas (”como lo que quieres no se puede, haz que lo que odias no sea posible”).
Para algunos es más útil la abstención, mal entendida como la rebeldía contra el sistema (”ninguno me representa”) que para mí siempre ha sido una cualidad del voto en blanco.
¿Estamos dispuestos a que la utilización de las circunstancias electorales cambie el proyecto de país que queremos?