Los reporteros de guerra hemos de ir contra el poder, saltar a la yugular de los políticos que empiezan guerras.
Los ciudadanos israelíes viven ajenos al conflicto; es parecido a la sensibilidad de España con las pateras. Se vive bien mientras no haya suicidas
Si la OMS afirma que son necesarios 100 litros de agua al día para vivir, un palestino tiene 70 y un israelí 400. Israel no quiere que eso cambie.
En pocos conflictos se manipula tanto la información: las agencias internacionales tienen buena parte de culpa
Creo en la pequeña historia casi en primera persona. No me gusta estar en un hotel sino con la gente; es donde se aprende más.
La vuelta a casa es muy injusta. Te dan palmaditas en el hombro, te miran como un héroe. Pero tú estás aquí y el dolor sigue allí.
Hernán Zin lleva años viajando por países en guerra. Treinta y tantos, ya curtido en enfrentamientos bélicos, argentino. Una conversación con él sobre la guerra turba, y al escuchar el uso firme de palabras como “Justicia”, “muerte” o “periodismo” uno llega a preguntarse si delante tiene a un converso o a un loco. Pero no hay nada de eso, y el Zin periodista responde con una sonrisa. Está acostumbrado. Sus viajes profesionales lo han llevado a Sudán, Uganda, Israel, Palestina, Líbano, Argelia, Sudáfrica o las favelas de Río de Janeiro. Desde hace un año escribe un blog, Viaje a la guerra, para 20 minutos, donde cuenta sus vivencias en territorios sitiados. Acaba de publicar su cuarto libro, Llueve sobre Gaza, tras pasar dos meses en uno de los puntos más calientes de la actualidad internacional.
-¿Cómo es el día a día de un enviado especial a Gaza?
Muy duro. El bloqueo israelí ha llevado al 70% de la población al hambre. La luz se ha cortado, se limita el acceso de combustible, no se deja a los pescadores salir a faenar. La basura se acumula y escasean las medicinas. A esto se suman los bombardeos y las incursiones de los tanques. Cada noche vuelves al hotel desgarrado ante tanto dolor, ante el ataque a civiles que viola reiteradamente la Convención de Ginebra. En Gaza no hay escapatoria. Es una gran trampa, un gran campo de concentración. Y si pasas un par de meses empiezas a sentir tu también la claustrofobia por estar allí.
-Te habías documentado sobre Palestina antes de hacer tu primer viaje, pero el choque con la realidad no hay nadie que lo anuncie.
No hay casi nadie que haya escrito realmente sobre lo que pasa allí. A mí me conmovió tanto la situación que fui por 10 días y me quedé dos meses. Vi una situación tan brutal, una dimensión tan desmesurada del sufrimiento… que creo que hay que buscar un nuevo lenguaje narrativo para contar en profundidad la situación humana tan compleja que pasa allí.
-En medio de estas condiciones trabajan muchos periodistas extranjeros. ¿Cuál es la relación entre ellos?
Hay tres clases de periodistas: los que escriben desde el hotel, mandan a alguien a hacer la entrevista y luego completan la crónica con la información de agencia. Están los que se acercan para ver qué pasa, pero a distancia. Por último, también se encuentran los que se meten a fondo. Los que llegan a la primera línea y están con las víctimas. Éstos son los más generosos, quizás porque no están allí solamente por la pasta o por el prestigio. Se la juegan cada día y no tienen vanidad. Por eso, si les pides un contacto, un dato, un consejo, no dudan en dártelo.
-Esos contactos son un tesoro cuando pisas tierra palestina.
Claro. Creo que el periodismo es que como navegar. La regla de oro de los marinos es ayudar a aquella embarcación que está en problemas. Así estén en medio de una regata. Yo lo hago y sé que, tarde o temprano, otro compañero, otro marino, hará lo mismo por mí. (Entrevista completa)

