Archive for the ‘Temas propios’ Category

De la sierra a la Costa: Guantanamera (Mitos y ritmos de Cuba III)

Friday, September 22nd, 2006

(Seguimos viaje. Los incidentes tecnológicos nos han tenido unos días parados, como si de un huracán -de los de aquí o de los de allá- se tratase. ¡Pero ya pasó la tormenta! Regresen a sus asientos, el bus arranca de nuevo…)

Guantanamera. Es difícil, para todos, amoldarse al paso del tiempo; ir cambiando lo que haya que cambiar sin que el eje cambie, mientras pasan los años. Guajira guantanemera… En Cuba siempre suena la música. En cada esquina, restaurante o soportal hay un par de soneros poniéndole, al tiempo que pasa, buena cara. Cuando empiezan su repertorio, hay tres canciones inevitables. Hasta siempre Comandante. La Yolanda de Pablo Milanés. Y eso: Guantanamera.

Aunque en un tema tan cantado hay mucho que decir, y las leyendas se cruzan, las historias populares suelen coincidir en que, cuando Cuba era una tierra de casinos y hoteles por donde las mafias se movían a su antojo, Guantánamo era uno de los puntos fuertes de ese mundo; y en que esa canción que todo el mundo conoce, Guantanamera, fue la ofrenda del cantante a una puta de uno de esos casinos. Que se enamoró y la sacó de allí. De ahí la primera versión, la Guantanamera de Joseíto Fernández, con sus flores y sus buenas intenciones.

Guajira guantanamera. Si uno llegase a Cuba sin saber nada de su historia, quizá diría que la revolución acaba de producirse y justo ahora se están dando los cambios. Por todas partes consignas, pintadas en los muros o en enormes carteles, por todas partes “viva Fidel”. Por todas partes los héroes de la patria, los héroes en postales, los héroes en banderas, merchandising, museos. Cuando la Guantanamera se fue popularizando, se extendió la costumbre de que cada cual la cantase con la letra que le viniera en gana, como los viejos romances. Y alguien tuvo la idea de adaptarla a unos versos de José Martí, padre de la patria. De lirios y jazmines pasamos a muertes heroicas. Igualito que en los campos ahí a la orilla del arcén.

Hoy Guantánamo no es una tierra de casinos y cabareteras. Ni de lirios y jazmines. Ni siquiera de héroes de boina y estrella. Hoy Guantánamo, ya se sabe. La ciudad es un páramo de casas semiderruidas y grisáceas. El autobús la atraviesa como a esos pueblos fantasma que ocultan todo clase de secretos. Las dos veces que pasé por ella, llovía. Se sale de la ciudad y el campo está vallado. “Este es nuestro territorio, este el de ellos”, explican. Señales de peligro apartan la curiosidad de las vallas. Al fondo, junto al mar, se intuye esa base norteamericana que se aferra a una cláusula constitucional no muy clara para seguir sentada en suelo priviegiado y exento de responsabilidades -ojos ue no ven…-. Un escalofrío acecha a la vuelta de una curva, cuando aparece la garita destartalada en que un jovencísimo militar cubano da paso -o no- a quienes viven en los dos pueblos que están dentro del cercado. Uno recuerda noticias, recuerda películas. Y el escalofrío se prolonga, se hace eterno, como los minutos al lado de las vallas, mientras se intuyen las siluetas militares, la torre, los aviones, mientras alguien explica “este es uno de los territorios más minados del mundo. Una vez más, el autobús recorre desde los márgenes una realidad que no soportaría ver más de cerca. Guantanamera. Guajira guantanamera. Quieran o no las cosas adaptarse a los tiempos, a veces los tiempos corren más, y la adaptación deja un saldo de minas, de campos fantasmas. Nadie podría cantar Guantanamera, en Guantánamo. Tal vez se llama nostalgia.

Hay una Guantanamera más, de las que conocemos. Esta vez cantada en celuloide. Esta deja atrás los cuentos, y también las leyendas. Es una historia irónica, crítica, que no sentó muy bien a Fidel. En ella, a un funcionario le toca enfrentar en carne propia las absurdas dificultades de uno de esos programas eficientes, uno que el mismo había diseñado: cómo trasladar a un difunto de un lugar a otro de la isla sin meterse en las competencias ajenas. El cortejo va de Bayamo a Santa Clara, encontrándose problemas, amores, pasados, trapicheos, pasos a nivel que se suben a mano si la guardiana no está demasiado ocupada. Como la vida misma. En los tramos de carretera, esta road movie a la cubana canta una Guantanamera diferente, igualmente llena de bromas entre estribillo y estribillo.
Por supuesto, de esa yo no oí ni una estrofa, allá en la isla.

De la sierra a la costa, en Cuba, uno escucha muchas Guantanameras. Y, como ellas, va bandeándose entre la historia, la leyenda y la ironía. Entre el son y el silencio del escalofrío.

De la sierra a la costa hay, sobre todo, consignas. La carretera la flanquean todo el tiempo frases revolucionarias, mensajes de apoyo al Comandante, moralinas e instrucciones. En las paredes de las casas, en el suelo, en pancartas que salen de entre los arbustos. Cualquier lugar es bueno para las profesiones de fe.

 

En Cuba no hay ni una sola valla publicitaria. Se agradece la ausencia de Motorola y Flex. Uno es feliz viendo consignas, tan bienintencionadas siempre. “Un mundo mejor”, se dice, contento. Ni Coca Cola, ni Dove: “viva Fidel”. Uno recuerda aquello que le explicaron de la diferencia entre propaganda y publicidad. Pega la nariz al cristal, observa todo con gran interés. Dos días más tarde, se ha acostumbrado a los nuevos carteles del paisaje. Trata de recordar cómo era aquello que le explicaron, la diferencia entre propaganda y publicidad. Mira los carteles. Parpadea confuso.

Por todas partes, los héroes. Castro, Cienfuegos, Guevara. Las postales de los centros turísticos son fotos en blanco y negro de los revoucionarios, de los discursos. Marcadores, camisetas. No hay ni un sólo museo que no sea, al menos un poco, museo de la revolución. Y luego están los otros héroes. Los de ahora. Por todas partes -sobre edificios, bajo ascensores, la frase: “los cinco héroes volverán“. Son cinco compatriotas detenidos en EEUU por presunto espionaje. De la sierra a la costa, ya se codean con el Che y con Camilo. Vuelvan o no, ya son parte del imaginario de los carteles.

Pasar por ciudades es, casi siempre, bajar de las nubes. Sigue habiendo carteles, en mercados o autobuses. Pero las miradas no siempre dicen exactamente lo mismo que esas letras. Hay veces que los niños sonríen. Hay veces que los adultos echan cortes de manga. Todas las consignas siguen insistiendo en que “patria o muerte, venceremos”. Pero han pasado ya cincuenta años. Decíamos que es difícil caminar al mismo paso que los tiempos. Decíamos que al llegar a la isla uno diría que la revolución acaba de tener lugar.

Los logros son muchos, pero no han pasado cinco años. Han pasado cincuenta. Y aunque todas las consignas insisten en que “la cultura nos hace libres”, ninguna librería ofrece textos más allá de Marx, Martí y García Márquez.

Historia, leyenda, ironía. En ninguna parte se escucha la tercera Guantanamera. Y el Che y Camilo están muertos, mal que nos pese -a nosotros y a las utopías-.

Llueve mucho, en Cuba. Las gotas de agua resbalan por el cristal y dan a la ventana del ómnibus un efecto de caleidoscopio. Los verdes, rojos, naranjas del paisaje se difuminan, se mezclan. Todas las ciudades podrían ser la misma. Y todos los carteles. De la sierra a la costa, va habiendo cada vez menos consignas.

La sierra son montes tupidos que escondieron a los revolucionarios. Pueblos pequeños por los que se sigue andando a caballo. Escuelas para tres niños en medio de la montaña. Hospitalidad y cascadas. Allí las pintadas son a mano y hablan de que otro mundo mejor es posible.
La carretera se asfalta cada vez más camino a Occidente. Los carteles son de imprenta y hablan más de Fidel, menos del pueblo. Ciudades fantasma y propinas al que te cante, guantanamera.
La costa son cayos y calas inmensas. Hay autopisas sobre el mar, las llaman pedraplenes, que unen los resorts con la isla sin que el tipo más frecuente de turista tenga por qué ver un solo cartel, del aeropuerto a la playa. Sin duda un negocio cómodo: el extranjero deja la pasta sin pisar la realidad. Uno se entera más tarde de que los cubanos no tienen permitido el acceso a estas zonas, dominio del peso convertible. Ni en Varadero ni en Cayo Coco verá usted un nativo, si no es uno que trabaje allí. Sigue sin haber vallas publicitarias, al menos, pero tampoco aquellas otras que decían que todos iguales.

Historia, leyenda, ironía. Guajira guantanamera.

En una pared de Santiago leí que “revolución es cambiar todo lo que deba ser cambiado”. En cincuenta años, creo, da tiempo a bastante. A lo mejor el problema es de concepto. Cuando “revolución” pasa a ser un estado de cosas, algo no marcha -cuando Juventud Rebede es un periódico oficial, algo no marcha-.
La tercera Guantanamera, la de celuloide, contaba en voz en off un cuento antiguo:

Obbatalá hizo la vida, pero se le olvidó hacer la muerte. Pasaban los años, y los hombres y las mujeres cada vez se ponían mas viejos, pero no se morían…La tierra se llenó de viejos que tenían miles de años y que seguían mandando de acuerdo a sus viejas leyes; los jóvenes tenían que obedecerlos y cargar con ellos, porque siempre habían sido así las cosas…

En una pared de Baracoa leí que Cuba nunca volverá al capitalismo.
¿Historia? ¿Ironía? ¿Leyenda?

Guajira guantanamera.

 

Baracoa, la aislada (Mitos y ritmos de Cuba II)

Friday, September 8th, 2006

Cuando los aruacos, los primitivos habitantes de Cuba, empezaron a dar forma en su extremo oriental a una ciudad, le pusieron el nombre de Baracoa, “la presencia del mar”. Y por estar junto al mar estuvo en el lugar en que atracaron los españoles al llegar a la isla, y se convirtió en la primera villa fundada en este nuevo territorio y su centro político y religioso. Pero cuando el adelantado Diego Velázquez trasladó, unos años más tarde, su residencia a la cercana Santiago, el aislamiento de Baracoa llegó para quedarse.
Durante siglos, su situación y malas comunicaciones la mantuvieron aislada del resto de la isla. Aun hoy, el acceso a la ciudad es en sí una odisea que serpentea entre montañas y puentes colgantes, a través del llamado viaducto de La Farola.
La huella de ese aislamiento no sólo se deja ver en lo peculiar de calles y edificios. Hay algo más, un poso en el aire, que da a la villa primada un sentido especial, una personalidad que escapa a todas las tipologías que puedan encontrársele al país.

Cuando llegué allí pensé en Macondo. En realidad pensé porque en la ciudad sólo hay tres fábricas, y una es de hielo. (Las otras dos fabrican chocolate y dulce de coco, respectivamente). Pero también podría haber pensado por los colores de las casas y la calma de la gente sentada en sus puertas. Pensé en Macondo, que es como decir que pensé en en el realismo mágico que rezuma cualquier pueblo sudamericano que linde un poco con el Caribe y al que queden fuerzas para pedalear entre partida y partida de dominó.

Pero lo cierto es que, si se intenta encajar en el molde que funden los pueblos rurales en países vecinos, Baracoa resbala y se escapa. Y es que allí no hay nadie que no tenga que comer.
Por ser un ecosistema tan pequeño y puro, en esta ciudad los logros de la revoución se ven muy bien.

A media mañana de un día cualquiera, la tienda de ultramarinos -¿cómo se llaman allá?- se ve vacía. Sus estantes desnudos angustian. Pero un par de días al mes, los que toca, los camiones llegan y la bodega se llena. Es entonces cuando todos y cada uno de los habitantes de la ciudad pueden acudir allí con sus libretas de racionamiento -racionamiento que, recordemos, no es capricho del régimen sino imposición de la escasez que se sufre por, entre otras cosas, el bloqueo- y llevarse a casa lo que corresponde según sus necesidades. Tanto de arroz, tantos frijoles, tantos huevos. Tanto de leche si hay niños, la pastilla de jabón de cada uno. En Cuba, el salario mínimo permite adquirir todos los bienes necesarios para subsistir. Y nadie está fuera o por debajo de ese salario: jubilados, impedidos, todo el mundo cumple un papel en la sociedad, y recibe a cambio el dinero que le corresponde. Hasta los estudiantes universitarios, si no dependen de sus padres, tienen derecho a él.
De ahí en adelante, sí hay diferentes sueldos, claro. Como en todas partes. Un neurocirujano no cobra lo mismo que un auxiliar de enfermería. Pero ese “plus” de dinero en ningún caso urge: lo básico está cubierto. Ése lo que hace es facilitar unos, digamos, lujos. Y quizá sea este momento para recordar que al hablar de nivel de vida es necesario cambiar los ojos y mirar las cosas con los de allá, baremar según sus valores y contexto.
La cuestión es que el día que toca reparto, todos y cada uno de los ciudadanos de Baracoa pasan por la pequeña tienda de la calle central y llenan su despensa.

Y no es sólo comer. En una esquina no lejos de la plaza central está el hogar de las embarazadas. Las jóvenes que estén a punto de dar a luz pueden acudir allí un mes antes del parto, y quedarse un mes después. Así se asegura que estén bien alimentadas, que tengan tiempo para cuidar de sí mismas y del pequeño que viene. Se sientan en sus mecedoras mirando a la calle, leen, descansan.
Y es que dicen que en Cuba la muerte de un niño es la mayor de las tragedias. Ellos sí que son los protegidos del régimen. Como quería Platón, durante la infancia uno pertenece a la comunidad, el niño es de todos y todos se alían para que le vaya bien. Por ejemplo, en el país hay escasez de leche y de carne de res, pero la casa en que viva un niño recibe puntualmente su buena ración. Ningún vecino se negaría a cuidar al crío de otro en cualquier momento, en criarlo incluso si fuera necesario.
Por no hablar de las escuelas. En lo alto de las montañas, en los pueblos más recónditos, en todas partes uno encuentra una escuela, así sea para tres alumnos; y los campamentos donde esos pequeños “pioneros” se entrenan para parecerse a los héroes nacionales salpican el paisaje de la isla. Todo lo que tenga que ver con la educación se cuida sobremanera. La Universidad es accesible para gran parte de la población, y se cuenta con multitud de ayudas para poder estudiar fuera de la propia ciudad, o para hacerlo a la vez que se trabaja, o cuidando al tiempo de una familia. Y para los menos aplicados, una suerte de formación profesional con la que el Estado se encarga de que cada cual reciba una formación adecuada a sus capacidades.

El buen funcionamiento del sistema educativo, como el del sanitario se basa en gran medida en una fuerte conciencia de lo social, en una mentalidad moldeada desde pequeños para servir a la comunidad y poder recibir lo que ella ofrece. Los primeros años de trabajo, por ejemplo, hay que ponerlos al servicio del Estado. Eso supone ir al lugar que a uno le toque y cumplir la función que más falta haga -sea dentro del país o fuera, como está ocurriendo últimamente con contingentes de médicos enviados como cooperantes a distintos lugares-. Este servicio se entiende como una retribución al país por la inversión que ha hecho en uno.

Esa mentalidad es en sí un logro. El cubano es un pueblo convencido de los ideales en los que vive, convencido de que “otro mundo es posible”. Habrá tiempo a hablar de consignas y contradicciones, pero lo cierto es que la gente de la calle, en general, cree en los valores que sirven de pilar ideológico al régimen, y su ilusión por ellos es firme hasta el punto de desafiar las evidencias. Se agarran contra viento y marea a la convicción de que la revolución, su revolución, es el mejor de los modos de vida.
En Baracoa, esto es cierto. Este pequeño Macondo junto al mar, aislado sin que le importe, unido al mundo de las otras cosas por once puentes colgantes, es una isla Utopía donde las cosas van bien.
Si toda Cuba es un mundo aparte, especialmente este pedazo se me aparece como aquel poblado en el que vivía Astérix:

(…) Toda la Galia está ocupada por los romanos… ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste todavía y siempre al invasor. Y la vida no es fácil (…)

Sobre el pueblo de Asterix había una lupa. Uno se va de Baracoa con una sonrisa amarga. Por un lado, al mirar con la lupa ve que las ideas podían funcionar, y que a ese lado de los puentes colgantes casi existe la Utopía. Por otro, retira la lupa y ve que funciona por microsistema, por aislado. Como un ensayo de probeta que se mantuvo puro por circunstancias inducidas.
Pero qué bueno si cada aldea fuera un reducto resistiendo ahora y siempre al invasor. Qué bueno si cada pueblo de África, de Ámerica, tuviera una bodega que se llenase puntualmente dos días al mes.

(La misma realidad admite siempre distintas palabras. Ricardo Menéndez Salmón, un compañero en este viaje, publicó ayer en El Comercio las que para él cuentan la que encontramos en Cuba. Os recomiendo que os paséis a verlas, su mirada siempre estaba atenta a huecos insospechados).

Santiago o la duplicidad (Mitos y Ritmos de Cuba I)

Wednesday, September 6th, 2006

No sé hasta qué punto es buena idea empezar por Santiago un viaje a Cuba. La idea de que este país es en realidad muchos, y que en el mito de tierra de la igualdad no es oro todo lo que reluce, acaba, me temo, por ser inevitable tras varios paseos tranquilos por la isla. Pero puede que sea Santiago el lugar donde esa realidad azota al foráneo de manera más violenta.

Nunca antes en un viaje me había ocurrido como allí que la distancia entre el viajero y el nativo resultase insalvable. Todo lo que rodea al turista se convierte en una suerte de parque temático, una irrealidad acorazada que parece no ir a permitir nunca entender nada en absoluto sobre qué se cuece realmente allí.

El hotel es Occidente: tv, agua mineral, aire acondicionado. A sus pies se extiende la ciudad, con sus techos de ropa tendida y la insignia inconfundible del cuartel Moncada, blanco amarillo de batallas históricas, enfrente de casi cualquier ventana. El camino que los une, hotel y calles, es traquetear unos minutos en bici-taxi o uno de esos Chevrolets recuperados que se quedaron anclados en la isla cuando los ricos se fueron. Pasados esos minutos, se ha cambiado de mundo y de tiempo.
Uno desembarca en el centro de la ciudad. Digamos la plaza de la catedral. Y entonces descubre que la calle comercial de la segunda ciudad de Cuba es un paseo empedrado con paredes desconchadas.
Apenas tres segundos más tarde, todo extranjero tendrá a sus espaldas una avalancha de santiagueros pidiendo una ayudita.

Ahí es cuando los mitos empiezan a pedir auxilio. Si parte del leiv motiv del aterrizaje allá había sido encontrar un reducto donde aun hubiera otros valores y deseos, oir peticiones de pintalabios o camisetitas lindas -de las que ninguna mujer escapa- resulta cuando menos chocante. Y si eso no funciona, modelo b: un euro, un dolar. Con el cable totalmente cruzado, el recién llegado intenta procesar en su cabeza por qué en un país donde todo el mundo tiene la manutención asegurada existe esta clase tan rara de mendicidad. Porque es rara: quien te pide es alguien que al mismo tiempo tal vez te habla de la carrera que está estudiando en la universidad, alguien vestido correctamente, alguien que tiene casa y come a diario.
Uno no entiende nada hasta que por fin comprende cómo diablos hay que leer realmente los precios en los escaparates.

Se trata simplemente de un sistema monetario ad hoc creado por Fidel Castro para mayor beneficio del régimen. En el país conviven dos monedas. La nacional es el peso. En ella cobran sus salarios los trabajadores, y con ella compran los productos básicos, regulados por una cartilla de racionamiento. Y luego está la moneda que funciona como divisa, la que deben utilizar en el país todos los extranjeros. Hasta el 2004, era el dólar el que cumplía esa función. Pero como todo lo americano es non grato para Fidel, en noviembre de ese año se puso en circulación otra moneda, el peso convertible, en principio de valor equivalente a aquel.

La gracia del asunto es que el peso convertible equivale a veinticuatro pesos cubanos. Y que, aunque todo lo que se supone de primera necesidad pueda adquirirse en moneda nacional, todo producto de importación lleva su precio en divisa. Y al precio que paga quien paga en divisa. De este modo, la ropa, los zapatos, y todo aquello que se considere producto de lujo tiene un precio abusivo para el cubano, que ahorra para comprarlo en una moneda veinticuatro veces más débil.
De ahí la picaresca. Los ciudadanos se lanzan sobre el turista porque la moneda que él suelta tan fácilmente no vale para ellos lo mismo, sino lo que resulte al cambio. Una propina pensada en euros es mayor que el sueldo diario del que la recibe, que piensa en pesos. Por otra parte, bienes nimios para el extranjero, como un bolígrafo o una pastilla de jabón, allí constituyen productos de lujo, porque, al ser siempre de importación, su precio se dispara para la moneda nacional.

Evidentemente, el turista sólo puede moverse por los lugares que estipulan el valor en convertible. Bares, hoteles y tiendas se convierten en terreno inaccesible para los cubanos; y los locales de estos están prohibidos para el turista, que comete una ilegalidad si maneja moneda nacional.

De pronto, el vertiginoso abismo que uno percibía entre extranjero y local muestra sus razones más evidentes. Y al orgullo de haber entendido el porqué se le mezcla una temprana amargura: acceder a los secretos de esta tierra no sólo es intrínsecamente difícil, además es institucionalmente difícil. Va a haber que andar siempre esquivando la frontera entre dos mundos.

Tal vez al final si era buena idea escoger Santiago para empezar trayecto: bautismo de fuego. Mejor si los mitos se tambalean ya los primeros días y algunas claves de comprensión van ocupando el hueco que han dejado en la mente.

En cualquier caso, encontrar consuelo al desasosiego no es difícil. A los lados de las calles hay siempre un árbol de flores naranjas que se ve perfecto entre el azul del mar, y al fondo de la ciudad se alzan el castillo del Morro y las historias de piratas. Santiago, heroica siempre según dicen los carteles, es la patria chica del Comandante, y se muestra orgullosa de ello. Me duermo con imágenes de Chávez en la 6 y despierto con imágenes de Chávez en la 7. Veo los huecos de las balas de las paredes del Moncada, los primeros cantantes de la nueva trova. Empiezo a entender de qué modo el ron quita el calor; y vuelve a sorprenderme que los muertos se cuiden más que los vivos cuando en el cementerio de Santa Ifigenia veo tan grande el mausoleo de Martí, custodiado por jóvenes guardias, y cuando salgo, venerado ya el idealista, me cruzo las casas más pobres de la ciudad. Hago un par de amigos y me cuentan que el Granma ni lo busque, que el papel es escaso y al sur no llega casi nada que lo use.
Un tal Eduardo se asusta, una noche en el mirador, de que en España sea posible comprar todo lo que uno quiera, sin cartillas de racionamiento. Sonríe al saber que en España puede pasar que si uno no tiene dinero no tenga qué comer. Luego me hace asustarme si comenta que a Raúl Castro le ha parado los pies su hermano porque nada le gustaba más cuando le dieron este trocito de poder que ponerse a hacer volar aviones militares de un lado a otro de la isla; que es un loco de la guerra. Me hace sonreír cuando me explica que allí lo que va mal es porque Fidel no lo sabe; que él es como un dios, que le despliegan alfombras rojas para que pase. Un tal Eduardo se sorprende de que en España todo el mundo pueda, si tiene el dinero, entrar en todas partes.

Santiago deja, más que nada, una profunda sensación de irrealidad. De duplicidad a cargo de un espejo convexo. De mirada a través de una ventana de un ómnibus climatizado del que no siempre es momento de bajarse, que se aleja de allí.

Esténse atentos, porque seguimos viaje.
De Este a Oeste, como siempre se hizo la Revolución.

(De repente me encuentro, con mi post ya a medias, un artículo en Le Monde que va por los mismos derroteros. En francés, pero aquí os lo dejo).

Regreso y anuncio

Saturday, September 2nd, 2006

A cada rato, de repente, una bofetada húmeda de aire del Caribe me recordaba que, en efecto, tras tanto tiempo de esperar ese viaje, estaba en Cuba justo en el momento en que los ojos del mundo se clavaban en ella más aun de lo corriente.

Esa ha sido una de las razones de mi prolongada ausencia. Llegué a la isla más o menos cuando Fidel mostraba su chándal al mundo; cuando aun ni siquiera se hablaba de los pasos de Ernesto. En principio, la idea era ir contando sus historias entonces, mientras yo me movía por el país y ellas se acumulaban en la trastienda de una libreta marrón. Pero si algo aprende uno en ciertos lugares es a bandearse cuando la imprevisión se convierte en norma: poco a poco las circunstancias mutaron el propósito de breve crónica a largo reportaje, y a mí no me quedó más opción que acomodarme a ellas y seguirles la corriente.

Fundamentalmente, porque encontrar un cyber allí es tarea imposible -fuera de las zonas agresivamente turísticas, claro: en éstas, pagar veinte dólares por hora de conexión es lo más sencillo del mundo-. Y de igual modo que buscar Internet es una quimera, saber qué ocurre mas allá de las fronteras que marca el mar se convierte allá en un lujo reservado a momentos de suerte: no hay posibilidad de encontrar ningún tipo de prensa internacional, y los canales de televisión que escapen a las emanaciones de Telesur son también patrimonio exclusivo de los hoteles de alto standing. Lo que no quiere decir que uno se entere especialmente de lo que ocurre de puertas adentro. La prensa escasea y se agota pronto, y en cualquier caso tampoco se caracteriza precisamente por ser muy informativa; y en cuanto al canal nacional de Televisión, tiene más de instrumento oficial, por un lado, y servicio a la comunidad, por otro, que de vocación periodística.
Así, durante todo mi viaje tuve la sensación de que cabía la posibilidad de que, en efecto, Fidel hubiese muerto y el mundo entero estuviese especulando con el futuro, y en Cuba todo siguiera sucediendo a su ritmo cadencioso y tranquilo. Allí, las reglas de la realidad son otras. Así que algo le dijo a mi mente, por lo demás acostumbrada al frenetismo de la información continua, que si quería contar ese país, debía dejarlo que posara, esperar a que estableciera su mapa vital entre mis ideas. Acostumbrarme a sus normas y ritmos, tratar de mirarlo con sus propios ojos y no con todo lo que los míos llevaban en la recámara. Y acercarme a una pantalla de ordenador durante mis días allí sólo habría servido para dificultar mi aclimatación y contaminar las impresiones. El mero hecho de abrir el correo habría supuesto acercar al viaje un pedazo demasiado grande de casa.

Y total, al fin y al cabo, quién iba a tener prisa, siendo precisamente de Fidel enfermo del que no iba a poder contar ni palabra.
Ahora he vuelto, han pasado suficientes días y páginas como para poder pensar con calma. Mis excusas en forma de jetlag se quedaron viejas, las vacaciones terminaron, Chávez en su papel de cariñoso visitante ha vuelto a sacar a Cuba a los titulares.
Me parece buen día para ponerme a la tarea de empezar a darle forma a una pequeña serie de posts sobre lo que me encontré por allá.
Mañana, pues, empezamos el viaje. Les espero en Santiago de Cuba.

(Por lo demás, septiembre ha llegado golpeándome en el hombro con cara de Pepito Grillo: se acabó el tiempo de trenes.
Regreso al blog para quedarme, la normalidad ha vuelto.)

Un maestro de periodistas que lucha por la juventud de Internet

Thursday, August 3rd, 2006

“Uno de los efectos negativos de la era de Internet es que los periodistas no cubren los actos, creen que lo tienen todo en Google. Y el periodismo siempre será presencial”

“Intentamos ser independientes informativamente desde el centro izquierda buscando ser el contrapunto a Libertad Digital”.

“Muchos periodistas políticos lo que querrían ser es políticos. Lo que pasa es que con esa mentalidad ya no estamos informando, estamos dando consejos, evangelizando”.

“Supongo que no hubiera pasado nada porque mi trabajo en el Congreso de Nuevo Periodismo estuviese remunerado, pero no lo está. Me dedico a la selección y contacto de los participantes”.

Fernando Jáuregui suele bromear con que tiene un primo famoso en el PSOE. No le hace falta la fama, pues es un viejo conocido de la profesión. Ha trabajado para Europa Press, Informaciones, Diario 16, El País, El Periódico, El Independiente, Ya, el El Correo, Telecinco… Fue corresponsal de Efe en las Naciones Unidas. Ahora se dedica a dirigir su propio diario digital, Diario Crítico, donde apuesta por Internet y por el futuro de la prensa. Sus artículos de opinión política pueden leerse en decenas de periódicos regionales de toda España y en los últimos años vive su relación con los medios como colaborador y tertuliano. Entre sus últimas iniciativas, el Congreso sobre Nuevo Periodismo, que tiene un cartel de lujo.

Por Daniel Basteiro

-Le hemos visto hace poco con jóvenes blogueros y periodistas digitales, en e-findex. ¿Se está poniendo al día a marchas forzadas?

Estoy poniéndome al día, sobre todo porque puedo aprender mucho, el periodismo digital y ciudadano es completamente nuevo para mi. El periodismo tradicional ha de complementarse con este nuevo periodismo, sino, morirá. Muchos de mis compañeros ya no es que estén en el periodismo 2.0: están el el cero patatero.

-Usted ha visto cambiar la profesión desde la experiencia.

Sí, pero he participado del cambio. Mi trabajo ha cambiado en un 100%. Antes andaba con fichas para los teléfonos, enrollando cintas de teletipos… Todo esto ya suena a ciencia ficción y del mismo modo no podemos prever cómo será el futuro a diez años. El papel de la prensa de pago tradicional va a ser otro. Además, el cambio es mental, porque el periodista no ordena lo que se va a leer o a escribir. Ahora existe la interactividad, y el lector te puede corregir, desmentir… El periodista ha de hacerse mucho más humilde.

-¿Y en la cobertura de acontecimientos, qué ha cambiado con la ‘era digital’?

Los nuevos periodistas se creen que con Google no tienen que ir a ninguna parte, que todo está en Internet. El periodista digital no va a cubrir los actos. Eso es una de las partes malas. El periodismo siempre será presencial y el profesional debe conocer a las fuentes, hablar con ellas, sacarles lo más importante, buscar la parte confidencial. Lo demás es un comunicado de prensa. (more…)

El sentido común del gran periodismo

Thursday, June 29th, 2006

“Tenemos que reivindicar otra vez el periodismo como un gran instrumento de la democracia. Hemos de ser capaces de convencer a los ciudadanos de que lo que contamos interesa, porque se quiere saber para tomar las decisiones como ciudadanos”

“Muchas veces da la impresión de que El País está próximo al PSOE. No lo está, desde un punto de vista de partido, sino en cuanto tiene algunos principios de izquierda, progresista”

“Dejar claro que programas como Salsa Rosa o Donde estás, corazón no tienen nada que ver con el periodismo. Que algunos de los que los hacen digan ser periodistas por haber estudiado la carrera… podrían haber estudiado cualquier cosa”

“No creo que para ser periodista haga falta haber estudiado cinco años en la universidad. ¿Es bueno estudiar cinco años en la universidad? Es bueno para cualquiera, pero haber estudiado cualquier cosa. Las materias específicas del periodismo no existen”

“No quise ser la primera mujer directora de El País porque en ese momento lo que me apetecía era llevar la redacción. El director tiene muchas otras funciones además de esta, y el control de la redacción al final lo lleva el director adjunto”

Soledad Gallego-Díaz lleva casi tanto tiempo en El País como la cabecera en la portada. Ha sido cronista política, corresponsal en Bruselas, Londres, París, Nueva York; defensora del lector, subdirectora, encargada de asuntos europeos. Dice que cuando pasan unos años le gusta cambiar de destino porque no puede hacer mucho tiempo el mismo trabajo. Hasta ahora es la directora adjunta y le ha tocado la nueva era de Javier Moreno, químico de carrera y un periodista joven, que ya está empezando a hacer cambios para sobrellevar la crisis “de principios de siglo”. Gallego-Díaz usa Internet y lee blogs, por lo que la revolución digital no la ha cogido desprevenida. Con todo, cree que las reglas del oficio no han cambiado. Es más, según ella, debemos recuperar el gran periodismo que fue en su día un instrumento imprescindible de la democracia.

Por Daniel Basteiro

-¿Cómo ves el cambio en las técnicas del periodismo desde que empezaste? ¿Han cambiado las reglas?

Las técnicas han cambiado a mejor. Internet es ahora imprescindible, es una maravilla poder contar con esta herramienta. Cuando yo empezaba, si había un texto que me interesara de alguna revista extranjera, por ejemplo, tenía que escribir a la universidad o al centro para ver si podría conseguir una copia. Ahora sólo tengo que meterme en Internet. En cuanto a las técnicas periodísticas, siguen siendo las mismas, aunque cambie la manera de conseguir la información. El objetivo sigue siendo el mismo.

-¿Es Internet un gran espacio de libertad, de democratización?

Internet es un espacio de libertad, pero no sé muy bien hasta cuándo, porque cada vez detecto más preocupación de los poderes por controlarlo. Internet tiene algo extraordinario: es barato. A principios del siglo XX hubo una explosión de publicaciones: cada pequeña sociedad o ateneo tenía un pequeño periódico, pero el papel era caro y sólo tenían acceso los que estaban alrededor de ese ateneo. Ahora puedes acceder a la página de una pequeña sociedad de un barrio de Bombay, por ejemplo, desde todo el mundo. El problema ahora son, en todo caso, las lenguas.

-Ya que el papel es caro, ¿acabará desapareciendo?

No sé si el papel como soporte, pero la concepción del periódico yo creo que continuará. La idea de un medio que te ofrece una selección intencionada de información y que la ordena. (more…)

Treinta años cubriendo Oriente Medio

Thursday, June 22nd, 2006

 Tomás Alcoverro es quizás uno de los corresponsales españoles que más años lleva informando desde Oriente Medio, y por ende, que más sabe sobre el conflicto entre árabes e israelíes. Tras más de 30 años de trabajo in situ, nos habla de la tarea de informar del conflicto, de las cualidades del periodista de “Internacional” al mismo tiempo que afirma que “el panarabismo ha muerto”. Trabaja para La Vanguardia, un diario con una sección de Internacional muy amplia, que dedica a Oriente Medio dos corresponsales permanentes. Es el autor de El decano; de Beirut a Bagdag: 20 años de crónicas, y ha recibido numerosos premios. Ahora ocupa la corresponsalía de Beirut, desde donde sigue contando lo que ocurre en una de las areas informativas más calientes del planeta.

Por Daniel Basteiro

-¿Qué ha de tener un periodista para trabajar en temas de Internacional sobre Oriente Medio? ¿Cuál ha de ser su preparación?

Ante todo, una gran vocación y una notable capacidad de resistencia. No me refiero tan solo a la resistencia a conflictos armados, o en situaciones limite, sino a una capacidad psicologica para aguantar y sobreponerse a circunstancias muy distintas de su ambiente habitual, acostumbrado en las sociedades de Occidente.

-¿Se informa bien del conflicto entre palestinos e israelíes? ¿Hay diferencia según el país donde se vaya a leer la crónica?

Se informa con ideas preconcebidas, que no tienen por qué ser del corresponsal, sino del sistema de informacion establecida. Es muy difícil para un corresponsal en Oriente Medio que su percepción de los problemas, de las sitruaciones en que vive concuerde completamente con la de su redacción. Pero es, como tantas otras, una batalla perdida.

-¿Cuál es la realidad de los medios de comunicación locales (tanto palestinos como israelíes)? ¿En qué influyen?

La prensa israelí es más influyente, sin duda alguna, que la palestina. La israelí es privada, salvo la audiovisual. Con todo, la prensa no deja de ser una de las partes del conflicto historico.

-Teniendo en cuenta su experiencia, ¿se puede decir que los medios españoles apuestan decididamente por la información en Oriente Medio? ¿Qué carencias aprecia?

Este es un largo tema. Cuando yo empecé mi aventura de corresponsal en Oriente Medio, hace la friolera de treinta y seis años, había muchos menos corresponsales que ahora. Tengo que dejar bien sentado, de todas maneras, que mi periódico, La Vanguardia, siempre ha mantenido en la región dos corresposnales permanetes, desde hace décadas. Uno en Israel y otro, en este caso en las ultimas décadas yo, en los países árabes. En la actualidad, casi todos los corresponsales españoles tienen base en Jerusalen, en Israel. Yo soy el único correesponsal español en Beirut. En El Cairo sólo hay otros cuatro correponsales españoles, dos de ellos de la Agencia Efe. De todas formas, es evidente que al ponerse de moda el tema del Oriente Medio, que antes podia considerarse como un tema exótico y alejado; del Islam, del terrorismo… han aumentado el interés y el espacio dedicado por nuestros órganos de comunicación a este problema, tan arraigado como complejo.

-En las redacciones españolas, ¿se apuesta por la información internacional? ¿Tiene futuro?

Es dificil generalizar. Creo que sí, aunque no sean muchas las posibilidades efectivas de hacerlo cada dia. Se exagera al hablar del crepúsculo de un cierto estilo de corresponsales de prensa. He aprovechado la publicación de mi libro “El decano” para defender y reivindicar la cronica preiodistica bien escrita. Si, creo que tiene futuro.

-¿Es posible una solución a medio plazo al conflicto árabe-israelí?

Desde hace muchos anos, desde el 1948, la politica de Israel se basa en los hechos consumados. Ante la falta de una posible solución completa del conflicto, desde entonces han emprendido iniciativas parciales que, muchas veces, se reducen simplemente a componendas para ir ganando el tiempo mientras el Estado judio se consolida, indiscutiblemente, y los paises arabes se debilitan, muchas veces víctimas de conflictos bélicos. El panarabismo ya ha muerto.

-¿Qué consejos sobre formación nos daría si quisiésemos dedicarnos a la información internacional o a Oriente Medio?

Ante todo me parece fundamental tener conocimientos fundados de su historia, por lo menos, moderna y contemporánea. Más que en ningún otro conflicto actual, los problemas que hoy padecen los pueblos del Oriente Medio son consecuencia directa de su reciente pasado, por lo menos desde la derrota y el hundimiento del Imperio Otomano. Tratar de tener algunos rudimentos del árabe, una lengua muy difícil, y leer la bibliografía sobre estos temas (que es impresionante y crece cada dia), seria de gran utilidad.

(La entrevista ha sido realizada por correo electrónico, ya que Tomás Alcoverro vive en Beirut. La foto es de La Vanguardia) 

Ricardo Villa explica el nuevo diseño de 20Minutos.es

Tuesday, June 13th, 2006

“No jugamos a las guerras informativas ni entramos en información de guerras declarativas”

“Hasta ahora, los periodistas de diarios digitales hemos sido más libres, porque los propietarios no se dieron cuenta de lo que tenían en las manos”

“Que todo se pueda comentar te transmite que no eres impune, que siempre tienes a alguien que te va a dar la réplica. Te hace ser más estricto, porque siempre tendrás réplica. Y es duro”

“Creemos en el “enlaza que algo queda”. Si alguien lo ha hecho mejor que tú, ¡díselo! Esos lectores que se van volverán para que selecciones otra vez algo bueno de la red para ellos”

“Creo que el 24 Horas de El País tiene lo malo del papel y lo malo de Internet”.

Ricardo Villa dirige a más de una veintena de periodistas en la edición digital de 20 Minutos. El que según el EGM es el diario generalista más leido de España aspira a ser una referencia en el panorama de digitales en español. De momento va por buen camino. Tras tres meses de mediciones en OJD, la Oficina de la Justifiación de la Difusión, ha registrado casi 1.900.000 usuarios únicos al mes (datos de hoy mismo), situándose como tercer generalista más leido, tras El Mundo y ABC. Claro que elpais.es no computa.

El martes que viene se estrenará el nuevo diseño de 20Minutos.es, que según su responsable apostará por una mayor jerarquización de noticias, más aire para la interactividad y el mantenimiento de su principal apuesta: la inmediatez y la actualización constante.

por Daniel Basteiro

-¿Cuándo surge la idea del rediseño? ¿Por qué os parece necesario?

Surge casi desde el momento de nuestro nacimiento, hace un año y cuatro meses, cuando empezamos a ver las limitaciones del diseño que estrenábamos. El trabajo comenzó realmente a principios de este 2006. Con nuestro crecimiento, con la actualización 24 horas, el diseño nos constreñía.

-20 Minutos.es ha tenido un fuerte tirón desde que nació…

Partíamos del número 80 o 90 según OJD, con 3000 usuarios únicos al mes: realmente no existíamos en Internet. Ofrecíamos el volcado de la edición en papel. En un año hemos pasado a 1.900.000 usuarios únicos, y seguimos creciendo. (more…)

Terrorismo: hablemos de información

Wednesday, June 7th, 2006

Alfonso Merlos es, además de uno de los periodistas más expertos en terrorismo yihadista de este país, un torbellino. Acaba de publicar un libro sobre el tema, fruto de una larga investigación que, entre otros efectos, ha conseguido deslumbrar al Instituto Español de Estudios Estratégicos. Este organismo, dependiente del ministerio de Defensa, le ha concedido la semana pasada el premio Defensa 2006. Además, es profesor en la UCM, donde imparte diversos cursos y seminarios. Pero no es todo. Es periodista en activo para la cadena Cope, donde se encarga de coordinar la información internacional durante los fines de semana.

En la conversación que mantuvimos ayer con él, nos habló desdes su visión particular del tratamiento del terrorismo “global” en los medios de comunicación occidentales. Durante una larga entrevista que por fuerza hemos resumido, nos desguazó diversas claves dentro del punto de vista occidental y también de televisiones como Al Jazeera.
Si tuvieras que hacer una valoración global del tratamiento de los medios occidentales del terrorismo internacional, ¿qué nota les pondrías?

En general, yo creo que se informa de una manera más científica, rigurosa y argumentada cada día. A los periodistas les ha pasado lo mismo que a los políticos: antes del 11-S nadie sabía nada, y a partir de entonces se han ido formando rápidamente especialistas; sobre todo en los grandes medios de comunicación, demostrando que tienen expertos para tratar de una manera más bien analítica y no tanto a través de informaciones de urgencia este tipo de cuestiones. Desde el 11-S, el 11-M o el 7-J, no se han echado a dormir, sino que están realizando un buen tratamiento, completo y además intensivo, recogiendo permanentemente informaciones y análisis sobre la situación de la amenaza. (more…)

“Qué pasa, qué pasa: ¿otro Rumasa?”

Wednesday, June 7th, 2006

por Daniel Basteiro

Alrededor de 500 afectados por el escándalo Forum Filatélico y Afinsa se concentraron delante de la sede de la Comunidad de Madrid en la Puerta del Sol para protestar contra el gobierno. Dentro se desarrollaba la ceremonia de entrega de premios de la APM, presidida por los Príncipes de Asturias y la presidenta de la comunidad, Esperanza Aguirre.

Los manifestantes, que se fueron concentrando a partir de las 19,30 (hora de inicio del acto), se multiplicaron hasta hacer necesaria la ampliación del número de policías presentes, que colocaron vallas y cercaron un perímetro de seguridad.

Sobre las 20 horas llegaron los Príncipes de Asturias, bajo una estricta protección y seguridad. Fueron recibidos por Esperanza Aguirre en medio de insultos, abucheos y una enorme pitada. Del mismo modo, todos los invitados a la ceremonia, fuesen conocidos o no, recibieron su ración de descontento ciudadano.

Bajo la piel, la frustración por el el timo de las filatélicas, que afecta a 350.000 personas, y que constituye el mayor escándalo económico desde Gescartera. Los protestantes aseguran que este escándalo “le va a costar votos a Zapatero”, culpando al gobierno de las graves negligencias en el control e inspección de estas sociedades. Entre los gritos: “Zapatero, queremos nuestro dinero”, “qué pasa, qué pasa, otro Rumasa” y toda clase de insultos. Además, los afectados portaban fotos de la infanta Cristinta con los representantes de Forum Filatélico, o del actual ministro de defensa, Juan Fernando López Aguilar, con implicados en la trama. En numerosas pancartas, una misma advertencia: “te espero en las urnas”, o “te va a costar 2 millones de votos”. Una vez más, el ingenio y la rima sirvieron a eslóganes con gancho: “y yo os juro que hasta el último duro me devolveréis”.

Para el próximo viernes 9 está prevista otra manifestación frente al ministerio de Sanidad y Consumo, a las 20 horas.

  • Cobertura en los medios

A última hora de la noche no hay una cobertura de esta manifestación, pese al gancho que suponen los insultos y abucheos a los Príncipes, con claros precedentes. 20 Minutos ha publicado la noticia, que lleva a portada, gracias a la información que yo mismo les suministré. Las fotos también han salido de la cámara de por si las moscas.

Efe, en un teletipo (y aunque tenía a un fotógrafo fuera), resalta las palabras de Felipe de Borbón: “El Príncipe de Asturias aseguró hoy que la profesión periodística debe de ser un “templo de la libertad” porque la democracia será “más ancha y profunda” si dispone de medios informativos “independientes” y “sólidos”“. De la protesta, el último párrafo.

Pese a ser una gran protesta en el corazón de Madrid, que puso nerviosos a los efectivos de seguridad e incomodó gravemente a los príncipes y a Aguirre, todavía no hemos visto más en los medios que lo que un estudiante de periodismo (con un poquito de vocación) ha suministrado a la redacción que tenía más cerca.