Archive for the ‘Jóvenes’ Category

Dos iniciativas interesantes

Thursday, May 3rd, 2007

pantallazosego.jpgLa primera se llama Ségolène o Sarkozy, desarrollada por Rosa J.C. y Mokhtar Atitar, que se une a la fantástica cobertura que se está haciendo desde cientos de blogs y webs sobre la carrera al Elíseo de Nikolas Sarkozy y Ségolène Royal. Este domingo, con la segunda vuelta, saldremos de dudas.

“Se trata de un “blog de campaña” para seguir la segunda vuelta de las elecciones francesas de 2007. [... ]Además, pretendemos dotar esta web de crónicas ‘in situ’ acompañadas de imágenes y vídeos, con un intenso seguimiento de la blogosfera.”

Ambos estarán en París el ‘día D’, para cubrirlo para sus respectivos medios y para este blog.

pantaeleche.jpgLa segunda es un nuevo diario universitario realizado por alumnos de periodismo, con exigencia profesional e incorporando también las nuevas tecnologías. Se llama Ceu Elche Digital y está inspirado por Sergio M. Mahugo, profesor en esa universidad.

Mahugo, inmerso en la coordinación de unas jornadas de periodismo digital, lo describe en su blog: “Detrás de este proyecto hay un grupo de treinta chavales, alumnos y alumnas de quinto curso de Periodismo, que no quieren salir de la universidad sin haberse enfrentado antes a la dictadura del reloj y del ‘pues tiene que salir y más te vale que esté bien’”.

Todas las elecciones se parecen en lo mismo

Wednesday, April 25th, 2007

boteporsilas.jpg

Todas las campañas electorales se parecen en lo mismo: en las promesas y en algún exceso.

Esta vez toca votar en la Universidad Complutense de Madrid.

El lunes, último día de campaña, todos los candidatos a rector hicieron sus fiestas de final de campaña. Algunos con grandes conciertos, como el de Pignoise del candidato Ángel Nogales, otros con dúos poco conocidos pero de gran nivel.

pantabote.jpgDos de los candidatos regalaban comida y bebida: minis o litronas de calimocho, cerveza. También bocadillos. No es nada nuevo. Incluso en una fiesta se prometían “un ordenador portatil si votas”. Si votas por un candidato, claro. En este caso el antiguo rector Gustavo Villapalos.

Las fiestas contaron con una gran asistencia de jóvenes, porque estaban bien publicitarias. El campus está lleno de carteles, que se pagan en buena medida con los 13.500 euros de los que disfruta cada candidato para hacer campaña, que provienen de la propia universidad, es decir, de los fondos públicos.

Las propuestas, pocos las conocían. No encontré a nadie, fuera de los voluntarios, que me dijese tres propuestas concretas de un candidato.

Por suerte, tampoco encontré a muchos estudiantes que asegurasen que fiestas como las del lunes ayudarían a decidir su voto de hoy.

El reportaje que hice merece la foto de portada de la edición de Madrid de 20 minutos.

Campaña de sensibilización

Thursday, March 15th, 2007

Llevo una semana haciendo proselitismo. A mi alrededor se están organizando actividades culturales (en muchas yo formo parte de la organización) con un mismo denominador: hay uno o varios jóvenes detrás.Este jueves, un buen amigo mío (muy joven) y representante de lo mejor de las nuevas corrientes poéticas gallegas, recita en la Casa de Galicia (Casado del Alisal, 8, Metro Atocha). A Rafa Yáñez le acompañan grandes figuras del exilio madrileño, como Vicente Araguas, Medos Romero y Xulio López Valcárcel. A las 20.

Además de eso, en toda esta semana, mi casa organiza una semana de artes y ciencias organizada íntegramente por estudiantes y veinteañeros que, sin esgrimir edad o revolución, trabajan muchas veces sin agradecimiento para aprender y dar la oportunidad a otros de hacer lo mismo.
Media docena de exposiciones y conferencias son el plato fuerte. Ya hemos tenido una charla sobre Tintoretto y a Luis María Ansón, que nos dejó una de las veladas más agradables de los últimos años, por su sabiduría, vasta cultura y por su predisposición a responder a preguntas de todo tipo. Otro prejuicio más (el de la derecha=maldad) que se le ha roto a unos cuantos.

Además, iremos de visita turística a Toledo, al Centro de Astrobiología, escucharemos una ópera y veremos cuanto de realidad y cuánto de fábula hay en las películas de ciencia ficción. Ya hemos disfrutado de una charla poética, un concierto de música clásica…

Además de media docena de exposiciones que han transformado el edificio y maravillado hasta a los más excépticos.

Tenía que contarlo. Sigue habiendo esperanza. Muchos jóvenes nunca aceptaremos que se nos achaque nuestra edad, nuestra etapa histórica, nuestras costumbres y tantos prejuicios.

Que la gente lo vaya sabiendo.

No lo consientas

Tuesday, January 23rd, 2007

No lo consientas (Carta a un profesor joven), publicada en el Diario Montañés.

Para empezar, no consientas ninguna falta de respeto. No esperes al insulto, no tienes por qué tener tanta paciencia: las malas contestaciones, las malas caras y los gestos desabridos están fuera de lugar desde el primer día. Házselo saber así a tus alumnos, y si no lo entienden haz que se lo explique algún miembro del equipo directivo. Los compañeros del equipo directivo están para recordarte a ti tus deberes -ser puntual, claro en tus explicaciones, objetivo en tus correcciones, etc.- y a los alumnos los suyos. Cumple tú en primer lugar, por supuesto, pero no hagas el primo: no seas tú el único que cumple.

No consientas que te marginen. Estás dentro de un sistema en el que todo tiende a culpabilizarte, aislarte y marginarte. Directa o indirectamente te dirán que en el fondo la culpa de que los alumnos se porten mal es tuya, porque no has sido lo bastante lúdico ni lo bastante participativo ni lo bastante comunicativo como para motivarlos. A veces fingirán que te dan la razón mientras te sugieren que deberías cambiar de estrategia educativa, ser más cordial, pactar las normas de comportamiento, etc. Pero recuerda que tú eres un profesor, no un animador cultural ni un monitor de tiempo libre.

Más aquí.

Y no lo digo yo

Thursday, December 14th, 2006

Pedro García Alonso, uno de los pocos profesores de Periodismo de la Universidad Complutense con blog, famoso hace meses por una iniciativa polémica, publica un post sobre la motivación de los alumnos en las facultades:

¿Cuál es la causa principal de la desmotivación de los alumnos en las clases?
-Falta de aplicación práctica de los contenidos, carencia de ver el contacto con la realidad profesional y con el mundo real en que vivimos. No explicar por qué se tiene que aprender precisamente eso que se exige.

-Separación y divorcio entre la universidad y la empresa, entre la profesionalidad y la ciencia, entre lo práctico y lo teórico. No se percibe la utilidad profesional ni el sentido productivo.

-Distanciamiento entre el docente y los estudiantes. Ausencia de trato frecuente entre profesor y alumno. Falta de tutorías. Se cuestiona por qué el profesor dicta esas lecciones, a qué interés responde, si es sólo al del profesor, o si es al de los alumnos.

-Reducirse el contacto profesor-alumno simplemente a las clases y nada más. Falta de convivencia, de transmisión de contenidos vitales, de mostrar la experiencia directa y vivida.

-Poca investigación guiada, poca orientación profesional y poco estímulo para sus prácticas.

-Excesiva masificación, grupos impracticables para poder mantener un trato personalizado.

A la pregunta de si cree que a los profesores les importa tener a alumnos motivados, es claro: donde eso no influye para nada, “como desgraciadamente ocurre en numerosos centros públicos, no se valora en absoluto. Creo que la opinión, la valoración, la evaluación de los alumnos sobre los profesores debería aplicarse siempre”.

Puedes seguir leyendo en Empresa Informativa.

La biblioteca en casa

Tuesday, September 26th, 2006

Aunque para esta vuelta al cole no va a servirnos, una buena noticia de parte de esa Universidad que en seguida sube otra vez las persianas, via La Huella Digital:

La Universidad Complutense de Madrid ha llegado a un acuerdo con la empresa Google para «volcar» los cientos de miles de libros de la biblioteca de la institución académica en el buscador y propiciar así que su contenido íntegro sea accesible desde cualquier ordenador del mundo a través de la Red.

Qué bueno para esos días de invierno en que no hay quien salga de casa y se recuerda de pronto que hay que preparar un trabajo…

Lazos para terminar (Un curso con Vicent, IV y final)

Friday, July 7th, 2006

A mi amigo le pareció bien la respuesta que Vicent, sin saberlo, dio a su conflicto. Sin embargo, me comentó que por más que escribir para el córtex esté muy bien, “también tiene su mérito dirigirse a esa parte del cerebro que procesa los sentimientos“. Me comentaba que, aunque manipular los sentimientos sea algo bastante sencillo, ”es cierto que esa unión sentimental entre todos los mamíferos existe para darle una emoción irracional a la vida”. La recta final del nuestro curso ha atendido a esa parte del cerebro y las páginas: las que se ocupa de emociones, recuerdos, colores y estampas.

Después de que hablase durante un rato de sus novelas, alguien le preguntó a Manuel: ¿por qué son tan importantes para ti los sentidos? “Porque son el conocimiento”, contestó sin dudarlo. Por eso, empieza hablando de Contra Paraíso, una novela que se desenvuelve en el terreno de sus memorias de infancia, en el tiempo en que naturaleza y conciencia eran lo mismo. En ella, dice, se propuso contar “las sensaciones de antes de crecer, cuando la memoria no embellece la verdad. Porque más tarde “parece que uno quiere embellecer su pasado, pero no es así: es que la memoria y la imaginación llega un punto en que se confunden“.

Nos había quedado pendiente saber si Vicent era de los que escribían en cuanto algo se les pasaba por la mente o de los que al que nunca carecen de ideas a la hora en que presiona el editor. Ayer quedó claro: lo suyo es la presión.

Antes de escribir otra novela anterior, La Balada de Caín, estaba, cuenta, volcado a escribir en el periódico. Viajes, retratos, reportajes: el caso es que “el acicate de la imaginación era la última llamada desde la redacción, ahí salía lo bueno (…) si hasta la columna del domingo acabé decidiendo escribirla el sábado de doce a una…” Total, que cuando le proponen escribir una novela para presentar al Nadal, descubre que, si no recupera la prisa de la preofesión de periodista, no saldrá nada. De este modo, esa novela, y también Contra Paraíso, son escritas a base de estética y sentidos, para nada afines a este oficio, y, sin embargo, aprovechando como fórmula la experiencia de reportero: cada tantos días, enviar al editor tantas páginas. Y seguir escribiendo sin releer lo anterior, hasta que la historia terminara. Igualito que la Historia del mundo que cuenta la prensa, entonces: a su ritmo, fugaz, disparatada y sin memoria más allá de lo inmediato.

¿Otras cuestiones de estilo? Dos importantes. Una ya la concluimos hace un par de días: “es importante evitar la batallita personal, elegir aquellas compartidas por todos”. En estos cuatro días, hemos visto que es posible y deseable contar el mundo a través de una historia muy concreta, toda la Historia en un cuento medianamente pintoresco.

La segunda, esa sí es deformación profesional de la parte periodista del maestro: “de noche, todos los filósofos son pardos; lo difícil es decir las cosas claras“.

Por lo demás, ayer y hoy sí han sido ya sin más Literatura, porque lo de que la claridad y la belleza o las ideas no tienen por qué estar necesariamente en guerra también es uno de los mandamientos que nos llevamos de Santander. Pero aunque nos ha quedado claro a todos que las fronteras entre géneros son difusas, lo cierto es que los cuentos de hoy (los devaneos saxofonistas de la Balada de Caín; “la maldición de crecer, el nudo de la infancia, que se deshace a lo largo de la vida” de este Contra Paraíso; los ritos iniciáticos para una vida que reúne Tranvía a la Malvarrosa; los nombres resonantes -Pasionaria, Solanas y Bustelos- que paseaban por el combativo Jardín de Villa Valeria; el modo en que el amor cambia de dueño en Cuerpos sucesivos; las olas -o tan mitológicas al cabo- de Son de mar) no vienen tanto a cuento por aquí. Probablemente tampoco los de la última sesión, “La experiencia cinematográfica”: los problemas de ir escribiendo un libro pensando en que sea película – “en cine, cada adjetivo cuesta tres millones (…) si piensas así, en vez de un submarino acabas poniendo una zodiac”-, o los de que tu libro se haga fotogramas (pasó con su son y su tranvía); las leyendas de rodaje.

Mejor, supongo, hacerse eco de aquel consejo que decíamos ayer, y parar antes de seguir sin rumbo. Los dos últimos días la labor no ha ido hacia el córtex, pues, sino a esa otra mente que se ocupa de crear lazos entre seres racionales. Los psicólogos tienen claro que se aprende mejor lo que se recuerda con sentimientos que apetezcan: cuatro días de cuentos y verdades de un escritor que a mí me sigue pareciendo un marinero acumulan sin duda muchas lecciones que se graban mejor que todas las asignaturas de las que nos hemos examinado hace apenas un par de semanas.

Ya se acaba esto de desayunar al lado de Goytisolo o Subirats, de tener entradas gratis para casi todo lo que ocurre en la ciudad con el carnet de alumno, de que en los pasillos no haya quien no quiera siempre hablar de algo. Uno se va con esa ilusión que a veces flaquea bien repuesta, con una voz certera en mente y con ganas de escribir todas las historias que quepan en las páginas de un mundo.

La Universidad era esto, ¿no?

En fin, al menos en vacaciones se encuentra.

 

(Más fotos de todo esto, en nuestro huequito Flickr, por cierto. Ahora, a recoger mi alma en alguna ciudad, unos días de descanso absoluto: como os decíamos… ¡paciencia! El ritmo habitual volverá pronto. .)

 

Cómo amar a dos y no estar loco (Un curso con Vicent I)

Tuesday, July 4th, 2006

La Universidad de verano es quizá la Universidad que uno querría en invierno. Tras un año de dudar y protestar en torno a la Complu, en un julio que se supone útil para aclararse yo he venido a Santander a que me cuenten historias.

La Universidad que uno querría encontrar cuando llega a otra ciudad en el septiembre de los dieciocho años, entonces. Se trata sólo de un grupo pequeño de gente, veinte o treinta, que, de entre una lista amplia, escogen con quién quieren aprender. Buscan una asignatura o un tema acerca del cual estar charlando una semana con alguien que les parece que puede enseñarles lo que buscan. Charlando una semana quiere decir clases-coloquio mañana y tarde, comedores donde los profesores se mezclan con los alumnos. Profesores quiere decir los tuyos o los de otros: tal vez el ejecutivo del programa de calidad de la primera planta o los juristas chiflados del cuarto. Alumnos quiere decir gente que aterriza en un aula porque realmente le interesa lo que se cuenta, sean jubilados o doctorandos, fans del ponente o estudiantes confusos. Quiere decir que toda la gente es de fuera y comparte cuartos y paseos con desconocidos, que no hay quien no busque la manera de colarse en alguna clase más que las suyas (¡!), por ver qué se cuentan los otros. Por ósmosis también se aprende.

La Universidad Menéndez Pelayo sólo funciona en verano. Es un palacete en un parque, sobre una colina, mirando al mar.

Pero yo he venido, decía, a que me cuenten historias. De la lista en cuestión me decanté por el curso impartido por Manuel Vicent. Quizá porque estoy de vacaciones y me apetece que me hablen del viajes e islas. Quizá porque quiero saber cómo amar a dos y no estar loca: del curso espero salir con una ligera idea de cómo se las apaña este señor para haber vivido tantos años a caballo entre el periodismo y la literatura y aun así conservar voz de cuentacuentos y mirada de marinero.

Las primeras sesiones, las de ayer, eran una búsqueda de los motivos que le llevan a uno a escribir. “¿Qué es lo que hace que a alguien de pronto le dé por meterse donde no le llaman de tal manera?”, se preguntaba el ponente. Historias de infancia, novelas vividas, libros encontrados, cuentos que nunca se lograron encontrar. Al final, los motivos de casi todo el mundo son los mismos, a la hora de empezar con este lío de poner palabras a las cosas: la necesidad de inventar un mundo que no se encuentra. “Un escritor es un tipo que, ya que no sabe hacer nada, decide que va a salvar a la Humanidad”.

Con su estilo que media siempre entre la ironía y las imágenes de delfines azules, que sabe recortar en el aire siluetas de personajes que alguna vez vivieron, que se las apaña para que nadie respire en una hora y que todos se rían cada cinco minutos, Vicent sigue repasando una vida en que todo conduce a los libros para contar su llegada a Madrid, “una ciudad en la que, si nadie quiere morirse allí, debe ser por fuerza una ciudad para vivir”, el Madrid de los 60, con su Gijón y su Boccaccio y sus tantos escritores borrachos, poetas malditos.  Y así llegamos al fotograma narrado que casi tenemos en la cabeza al escoger este oficio: las primeras noches en un diario que pasa la censura, que cuenta lo que puede, donde los periodistas nunca están pero siempre cumplen, donde la pasión por contar lo que pasa desborda los peligros y las cárceles.

Y es contando esos inicios periodísticos como llegamos a la pregunta que planteábamos: ¿cómo el que quería escribir ficciones, el que ganaba premios de novela, se traslada a los entresijos de un diario apresurado? Dice Vicent que lo que le gusta de la prensa es el tempo, los ritmos. El que la gente lea las palabras de uno mientras vive la realidad, en el metro o el desayuno. Que el hecho de que al día siguiente hayan olvidado tu artículo te mueva a estar siempre escribiendo, para que no te olviden del todo. Por la cura de humildad de “ver un domingo en un café que alguien está leyendo tu columna y…. vaya…. dobla el periódico antes de haber llgado a la mitad…”

Cree que la belleza cura, que detrás de la destrucción está lo que puede salvarnos. Por eso, si las cosas se cuentan bonito, se llenan de la luz que se trae de los mares de Levante, sí que se puede salvar a la Humanidad como sueña todo niño que escribe.

“Si pudiera escribir literatura en este soporte, cotidiano y que se mueve…”

Aunque el coloquio sigue hablando del mercado del libro en la economía de mercado, de best-sellers y caras be, de “hay autores, obras, que no venden nada pero son los auténticos: qué tiempos aquellos en que no vender era un timbre de gloria”; para alguien que ha venido aquí a averiguar cómo amar a dos y no estar loca, y a que le cuenten historias, la charla se queda suspendida en esa frase llena de ironía, delfines azules y voz de marineros cuentacuentos.

(Hoy las clases irán de vivencias de periodista. Mañana, de relatos de viajes. Pasado, de novelas y cuentos. A ver si averiguamos o no recetas, aunque sea por ósmosis.)

 

¿Qué se cuece en la universidad?

Wednesday, May 24th, 2006

En Valencia, un grupo de radicales han interrumpido un acto político pacífico en la facultad de Derecho. Sobre cuarenta personas entraron en la facultad, saltándose a los guardas de seguridad. Una vez dentro se dedicaron a amenazar e insultar a los asistentes, con el pretexto de que no se les dejaba hablar. Los disturbios aún no estás muy claros, al menos no tanto como el vídeo
No es el primer suceso de este tipo en la universidad de Valencia, ni en la universidad en general. Las facultades siempre han sido un buen abrigo para jóvenes reivindicadores, contestatarios y críticos. En el franquismo se reivindicaba libertad, democracia. Los estudiantes tuvieron mucho protagonismo en un tiempo en el que el régimen controlaba ferreamente la universidad.

Un periodista hoy muy importante nos contaba hace unos meses cómo en la facultad de Periodismo de la Complutense subían los caballos hasta los servicios del quinto piso, por las escaleras. La facultad de Ciencias de la Información es un maremagnum de escaleras y hormigón que, según algunos, fue diseñado como una cárcel de mujeres.

En esta facultad, hace unos meses, otro grupo de radicales tuvieron su minuto de gloria (o de ridículo) en el salón de actos. En la mesa estaban sentados periodistas que vivieron el 23-F, algún diputado de entonces, el rector y Santiago Carrillo.

No tendrían veinte años, venían de Derecho (facultad con fama de conservadora), y en sus pulmones resonaba la ira por unos hechos de los que seguramente hablaban de oidas. La reacción de los asistentes fue ejemplar: pitada, aplauso a la mesa, y a seguir escuchando.

A veces parece que los ánimos políticos de los universitarios están muy crispados, cada vez más polarizados. Con banderas del pasado, cuando el cielo lucía otros colores. En cambio, la juventud española se ve tolerante y bastante al margen de la acción política. Nos hemos metido en el CIS, y la juventud dice verse en un 56% tolerante, en un 47% conformista, y un 50% considera la política poco o nada importante. Según otros estudios, el 46% de los jóvenes no se decanta por un partido político. La abstención joven en las elecciones suele ser altísima, salvo excepciones como las últimas generales.

¿Qué está pasando? Yo lo dejo aquí, con la idea para un buen reportaje: saber quién está detrás de estos grupos radicales (de izquierdas y de derechas, que por igual hay), qué tácticas, organización, métodos utilizan… Quitadnos la exclusiva.