Un amigo comentaba hace poco, extrañado, lo mucho que ha cambiado el influjo que la web 2.0 y los blogs en los medios tradicionales. Hace un par de años, cuando sólo se atisbaban la influencia y posibilidades, hablar de blogs en los medios era como hacerlo de prostitución en salones finos, o peor aún, de felonía entre finos señores.
Los blogs eran “confidenciales”, en ocasiones “la mayor amenaza para el periodismo” o simplemente una moda que en nada iba a cambiar los hábitos comunicativos de la gran mayoría. Ahora puede que se siga pensando lo mismo, pero con menos certezas, con más titubeos y con más disidentes. Los medios le ven las orejas al lobo.
O eso, o es que la conciencia de la profesión está empezando a cambiar, que todo puede ser. Si hoy abres El País y le quitas todos los suplementos, te encuentras una doble página a color sobre la web 2.0, de Patricia Fernández de Lis, titulada “Los nuevos reyes de Internet“.
El reportaje tiene muchas cosas interesantes, entre ellas esta:
¿Qué tienen en común los nuevos reyes de la web 2.0? Sus ideas no nacen de la ambición o de un claro modelo de negocio, nacen de la frustración. Los creadores de Youtube, por ejemplo, montaron su página web tras intentar infructuosamente enviar el vídeo de una fiesta a unos amigos. Los de Flickr, mientras, trabajaban en un videojuego online cuando crearon su sitio de intercambio de fotos, descubriendo, poco después, que la aplicación realmente interesante era ésa (y abandonando para siempre el juego).
También en otros diarios donde hay mentes inquietas se publican reportajes sobre blogs o 2.0. Nacho de la Fuente, autor de La Huella digital y ganador por votación del jurado de los BOB’s, publica otro reportaje, también en páginas nobles de domingo, otra página destinada a explicar clara y sencillamente qué es un blog. Entre los imprescindibles para de la Fuente aparece porsilasmoscas.net (gracias). Cuenta La Voz:
Las ediciones digitales de algunos medios españoles empiezan a mirar a las bitácoras como una opción a corto plazo para ganarse al público más joven y ya no ponen reparos en volcar contenidos facilitados por los ciudadanos.
Los dos periodistas se fijan en la gran progresión (aunque sólo sea en número) y en las posibilidades de futuro de las herramientas 2.0, y añaden casos de influencia política.
Quizás estemos más cerca del “pelotazo“ que Rafael Estrella considera necesario para dar cabida definitivamente y sin considerar una moda a estas herramientas. EL periodismo ganaría en higiene.